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EL VOTO ÚTIL ES EL MENOS ÚTIL DE los votos.
Es una especie de recurso profiláctico, como un condón, dizque para evitar desperdicios electorales. Con el voto útil la gente no vota por el candidato en el que cree, sino por el que cree que va a ganar. Mera maña de tahúres. Voto útil, por ejemplo, sería votar por Mockus y no por Petro, pues se supone (las encuestas suponen) que Mockus le va a ganar o le puede ganar a Santos y Petro no. Viceversa incluso es peor: habría que votar por Santos y no por Petro porque Santos le va a ganar o le puede ganar a Mockus y Petro no. Increíble. Con el voto útil quieren cambiar a un mesías frenético por un mesías patético. Vamos hacia un callejón sin salida: Mockus-Santos / Santos-Mockus: dos caras de una misma moneda: el modelo económico neoliberal. ¿Perdimos el entendimiento?
Para mí, el voto útil es otra aplicación de la ponzoñosa consigna de “el fin justifica los medios”. Equivale al consejo de muchas mamás paisas a sus hijos: “Trabaje honradamente, a ver si consigue plata, pues. Y si no, consiga plata, mijo, consiga plata como sea”. Encarna el deseo de no salirse del rebaño. Es el sueño de parecerse al resto del mundo. Es la pretensión de no diferenciarse de los demás. Es el afán de pertenecer a las mayorías. Es el “todo vale”. Y refleja a la perfección el pensamiento homogéneo que campea en las redes sociales.
Las redes sociales de internet —el más inmaduro de los medios de comunicación— son el sucedáneo de una ilusión muy humana: vivir unidos, sin discordias ni contradicción, guiados por un cacique, caudillo, líder o mesías, bajo el manto protector (o encubridor) de la unanimidad. ¿Será casual que para entrar a una red social haya que declararse “seguidor” o “fan”? Seguidor: seguir: ir detrás. Fan es igual a fanático: deja tu personalidad a un lado y vulgarízate, arrodíllate y subordínate ante terceros. No soy tan incauto de pensar que todo lo de internet es malo, como algunos despistados que imaginan que todo lo que sale en televisión es perverso. Pero en las redes sociales, la verdad sea dicha, pululan (¡abundan!) la mediocridad y la estupidez.
Ser seguidor de cualquier red social significa enajenar mi autonomía, ceder mi independencia y endosar mi derecho de expresión. ¿Y para qué? ¿Para enterarme de las majaderías de Chávez? ¿Para mortificarme con las montañeradas de Uribe? “No, gracias, prefiero vivir”, como se decía en un venerable comercial sobre la drogadicción. Me niego a entregar mi libertad. Al voto útil de las almas unanimistas opongo el voto autoconsciente. Esto es, el voto sustentado en mis conocimientos y en mis creencias y en mi propia cultura política. Prefiero botar mi voto antes que votar por el que me digan Facebook, Twitter o YouTube. Los dioses sabrán perdonar mis ganas de quedarme al margen y se apiadarán de mi gusto por ir contra la corriente.
Rabito de paja: “Toda opinión que se reserve, que se deje de dar, que se delegue en otros, es una limitación que se establece para el derecho de opinar de allí en adelante”. Alfonso López Pumarejo, febrero de 1941.
Rabillo de paja: No me cansaré de repetirlo: con la audacia intelectual y la verticalidad política de Carlos Gaviria Díaz, esta campaña electoral habría sido mucho más sustanciosa.
