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Llueve a cántaros. Busco a mi amiga Isabel Barragán en Skype. Irrumpe en la pantalla del computador y no puedo creer lo que veo.
Está en shorts, casi harapienta, con una camisetica descuidada, rebosante de sensualidad. Se acerca al ojete de su cámara, como si fuera a hacer un estriptís. “Despacio”, digo. Me aniquila con un gesto ríspido. Al fondo, por el balcón de su apartamento, se vislumbra “el exclusivo sector” de El Poblado, entre quebradas desbordadas, calles chuecas y urbanizaciones inundadas. “Hay pasiones que matan”, dice, muy seria, y me ilustra sobre Carl Jung y las tres dimensiones de la libido: amandi, possidendi e imperandi.
“La libido imperandi es algo así como el ansia de mando, la lujuria del Poder”, dice, con la voz húmeda. “¿Como la de Uribe?”, aventuro, cauteloso. “Pobrecito”, me responde. “No se resigna a haber sido y ya no ser.” “Patético”, digo. “En vez de retirarse con donaire, trina y delira en Twitter, ofuscado por tener que limitarse a 140 caracteres por tweet. Mueve a sus peones, a veces hasta el sacrificio. Hace y deshace con tal de volver a mandar. El goce de su libido imperandi lo obnubila” “A él”, digo. “A los demás, nos ultraja”.
Amplío al máximo la imagen de Isabel. “En su encoñe por el Poder, Uribe me recuerda al Primer Magistrado, de El recurso del método, de Alejo Carpentier”, dice. “Ya en Europa, lejos del gobierno, el déspota seguía viviendo con el horario del Caribe, seis horas de diferencia: desayunaba a la hora del té y almorzaba a la hora de la cena.” “¿De dónde sacaría Carpentier semejante personaje?” Isabel sonríe: “Lo configuró matemáticamente: 40% de Gerardo Machado, 10% de Guzmán Blanco, 10% de Porfirio Díaz, 10% de Cipriano Castro, 10% de Estrada Cabrera, 20% de Leónidas Trujillo, una miaja de Somoza, un poco de Juan Vicente Gómez.” “Los dictadores de antes eran tan obtusos y...”, digo. “Tan novelescos”, concluye por mí.
“José Gaspar Rodríguez de Francia, el Supremo de Roa Bastos, llevaba la contabilidad del Paraguay de su propio puño: '2 figuras de generales uniformados a caballo, cada uno sobre una zorra de 4 rueditas, de a 10 pulgadas de alto' o '400 figuras de mujer de a 4 pulgadas de alto, vestidas de colores con sus hijitos en los brazos, paradas sobre cajones donde está el resorte para caminar'. Zacarías Alvarado, el Patriarca de García Márquez, se sentía tan omnipotente que, despistado, se preguntaba si su gobierno habría tenido algo que ver con la llegada de las tres carabelas de Colón.” De pronto, Isabel hace una pausa y se desarregla las prendas: “Y Perón, Juan Domingo, el de Evita, ¡qué grande sos, el hombre más grande de Argentina!, creía más en sus brujos que en la ley de la gravedad”. Suelto una carcajada: “Ah, eso sí te lo inventaste vos”. “¿Y por qué no?”, se complace. “La libido imperandi alcanza para todos, personajes de ficción o fantoches de verdad”, digo. “Por cierto, ¡qué calor!”, dice, insinuante, y se jala la camisetica. Libibo es libido.
Rabito de paja: Un salvoconducto con el retrato de Laureano Gómez: “El suscrito Presidente del Directorio Conservador certifica que el señor… portador de la cédula #... expedida en… ha jurado que no pertenece al Partido Liberal. En consecuencia, su vida, sus bienes y su familia deberán ser respetados.” John D. Martz, Colombia un estudio de política contemporánea. Bogotá, 1969.
Rabillo de paja: Como cierto personaje de Truman Capote, el expresidente Uribe tiene “un pasado infame y un futuro impúdico.”
