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Lo único que sabemos hacer bien

Esteban Carlos Mejía

21 de septiembre de 2012 - 05:00 p. m.

No es buena idea ir con mi amiga Isabel Barragán a la Fiesta del Libro: se antoja de todo. Sus tarjetas son sin fondo, mejor dicho, con fondos ilimitados, a cargo del marido, supongo. Además, anda casi sin ropa: shorts deshilachados, camisola de tirantas, lo más sexy en este Medallo primaveral.

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Vamos a la charla de Sergio Ramírez y Pablo Montoya sobre Carlos Fuentes. Ramírez, exvicepresidente de Nicaragua, es un novelista original, agudo, irrepetible. Alude a Ixca Cienfuegos, personaje de La región más transparente: no sólo es el alter ego de Fuentes, sino su contacto con el inframundo azteca, que sobrevive a pocos metros por debajo del asfalto del De Efe. Al final, con humilde franqueza, reitera su lealtad a Augusto César Sandino.

En el lanzamiento de Acuarimántima, edición completa, homenaje del Fondo Editorial de la Universidad Eafit a la legendaria revista poética de hace 30 años, sus creadores, ya barrigones, rememoran tiempos idos. A Isabel se le encharcan los ojos al oír a Helí Ramírez, el más marginal de los poetas marginales. Después caemos al debut de Ana Cristina Restrepo con Página en blanco (Sílaba Editores), entrevistas radiales transmutadas en ágil palabra escrita. Luego, Isabel me arrastra a la presentación de El Darién, de Luis Fernando González, (Fondo Editorial ITM). ¡Hallazgo de hallazgos! Prosa nítida y sabia en honor a los olo tule kuna y sus destrezas comerciales y diplomáticas.

Junto a Patricia Castañeda, soy el moderador en la presentación de De la ruptura a la sutura, de Isabella Santodomingo, (Ediciones B). Para romper el hielo les propongo que hagan un striptease. “Literario”, acepta la Santodomingo sin vacilar. Desde la segunda fila, la Barragán me hace un puchero de reprobación. “Ay, mi mijo, esos manjares no son para usted”, parece decirme con el ceño fruncidito. Eso sí, ríe a carcajadas con las ocurrencias de las divas.

Isabel adora a Alberto Salcedo Ramos. “El mejor cronista contemporáneo de Colombia: por eso lo plagian”, me comenta a la entrada del relanzamiento de El oro y la oscuridad, (Aguilar). Salcedo dice que a él le interesa “la verdad poética de los hechos”, frase que me recuerda la sólida y misteriosa sentencia de William Faulkner que sirve de epígrafe a mi novela I love you putamente: “los hechos no guardan relación con la verdad”. También hago de interlocutor con Andrés Burgos sobre su Sofía y el terco, (Alfaguara): novela + guión cinematográfico: historias escritas y dirigidas con habilidad y ternura.

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Improvisamos una deliciosa tertulia con Samuel Vásquez, Lucía Estrada y Juan Manuel Roca, escritores ellos. Temas a granel. El negro Billy, tremendo jazzista, que los estudiantes de los 70 boicoteaban porque cantaba en inglés, lengua del imperio. La voz recia y sutil de los grandes poetas: el peruano José Watanabe y el chileno Gonzalo Rojas, papá putativo de Roca. Hernán Hoyos, pornógrafo de Cali, cuyas obras irían a la hoguera si alguien se las sapeara al sacristán Ordóñez. Y así. “¡Qué habladera de paja la de ustedes!”, se queja Isabel, rabiosa de sensualidad. “Es lo único que saben hacer bien”.

Rabito de paja: No me pidan que lea la vida de Uribe. Suficiente con padecer su obra.

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