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"Son las diez de la noche de mi último viernes. ¿Hasta cuándo se tiene conciencia de la vida que se deja? Sentada en el borde inferior de la cama, me inclino sobre la pared para sostener el cuerpo; la escopeta sale de mis rodillas, la boca del arma está en mi cabeza; la culata, cuñada entre mis pies, descansa en el piso”.
Así empieza No hubo cielo, de Gloria María Posada, novela ganadora en 2010 de la Beca de Creación Ciudad de Medellín y publicada por el Fondo Editorial Universidad Eafit en septiembre de 2011. Un arranque, digamos, escalofriante. Y asombroso, además, porque la suicida es una monja. El libro cuenta su existencia, desde la cuna hasta la canonización, pasando por el convento, “misterio y mutismo, rutina de la rutina”.
La protagonista es Margarita de los Ángeles Vásquez, nacida hacia 1935 en una hacienda cafetera de Pacuayán, plena Cordillera Occidental antioqueña, y criada en un ambiente mefítico, cavernario, hipercatólico, casi feudal, muy al gusto del sacristán Alejandro Ordóñez y/o del capataz Álvaro Uribe. Para escapar a los manoseos beatos del papá, es enviada por la mamá a un claustro de las Hermanas Franciscanas Concepcionistas. Allí, en esta ciudad de Dios, Margarita Vásquez se convierte en la hermana María Juana de Aza, aunque ella, in péctore, se llama a sí misma Juana de Asbaje, espejismo de la inmortal sor Juana Inés de la Cruz, hembra de hembras.
Es una novela insólita y atrevida. Escrita bajo la tutoría de Fernando Cruz Kronfly, el jurado de la beca —Óscar Castro, Óscar Collazos y Roberto Burgos Cantor— premió su entretenida construcción, su narrativa y su reinvención de la realidad. Talento más oficio, sin concesiones al costumbrismo. No hubo cielo discurre sobre la tela de araña del realismo sin dejarse atrapar por zonceras retóricas ni moralinas autistas. El tono es juguetón y descomplicado, como en las piadosísimas Rogativas a San Mamerto en las que la autora invoca a sus escritores predilectos, “omnes sancte Patriarchae et Prophete para que saquen de su carne al innombrable”: García Márquez, Adelina Virginia Stephens (la socarrona Virginia Woolf), Herta Müller, “sancte William Faulkner, ora pro nobis”, Saramago, Claude-Henri de Rouvray (conde de Saint-Simon), Maquiavelo, “todos los filósofos, humanistas, rogad por Jairo Morales y sus talleristas”, Laura Restrepo, Marguerite Yourcenar, “Lobo Antunes, Cortázar, Borges, tened piedad de mí, san Juan Rulfo, san Ernesto Sábato”.
Insisto: No hubo cielo es una novela atípica e intrépida. Gloria María Posada es odontóloga y, ante todo, escritora. Nació en Andes, Antioquia, la tierra de Gonzalo Arango, y ha sido tallerista de los mejores talleres de escritura de Medellín. Hoy en día, junto con otras mujeres, pertenece a un grupo de estudios literarios. Y escribe muy bien. ¡Dios le dé el cielo que le tiene prometido!
Rabito de paja: “Tener una concepción del mundo y obrar en función de ella da un sentido de profundidad que es un delicioso estímulo para la inteligencia”, Álvaro Gómez Hurtado, 1967.
Rabillo: Hombres impíos de Colombia: piénsenlo bien antes de pegarle a una mujer. ¡Eso se devuelve! Si no creen, fíjense en lo que le está pasando al Bolillo Gómez con el DIM...
