Los ecritores, mucho mas los novelistas, viven bajo zozobra: miedo a no ser capaces de escribir más, miedo a los colegas, miedo a la displicencia de los lectores, miedo a no hacer backups.
Y pavor a repetirse, a contar algo que ya habían contado. No tanto en el modo de narrar pues, después de todo, como lo escribió no sin sangre Georges Louis Leclerc, conde de Buffon, “el estilo es el hombre”. Élmer Mendoza, pionero de la narcoliteratura en México, ha superado la prueba y ha escrito una novela distinta a sus obras anteriores. El misterio de la orquídea calavera, Tusquets Editores, mayo de 2014, es un triple salto para librarse del tormento de la repetición.
Después de las exitosas historias del comandante Édgar El Zurdo Mendieta, de la Policía Ministerial del Estado, en Sinaloa, Mendoza se ha craneado un personaje bien diferente, Alberto El Capi Garay, un peladito de 18 años, ganoso con ganas, ingenuo o inocente, obligado a negociar el rescate de su padre, secuestrado por truhanes enigmáticos. (Breve digresión: digo “exitosas” no sólo por el volumen de las ventas sino por la nitidez de la prosa, el respeto casi místico a las leyes del género policíaco y la frescura de las tramas).
A veces las aventuras del Capi son inquietantes, sobre todo sus escarceos amorosos, y otras se vuelven realistas o surrealistas o hiperrealistas, en especial su viaje a Xilitla, en las selvas de San Luis Potosí, al norte del D.F. Allí, en un hotel, se topa con El misterio de la orquídea calavera, libro más o menos autobiográfico que narra las vicisitudes de Edward James, multimillonario, poeta, mecenas de Dalí y Magritte, y supuesto hijo de Eduardo VII, rey de Inglaterra. Arrastrado por su espíritu artístico, James se instaló en Xilitla y construyó Las Pozas, “un jardín de esculturas de piedra en honor a los dioses”, a la manera de Bomarzo, el vergel renacentista del duque Pier Francesco Orsini, recreado con maestría por Manuel Mujica Lainez. Si quieren ver la utopía de Las Pozas busquen a papá Google y quedarán boquiabiertos.
El misterio de la orquídea calavera son dos libros en uno. Por un lado, las aventuras del Capi Garay, llenas de equívocos, azares y descubrimientos. Y por otro, el misterio y la magia de Xilitla, triste trópico, a lo Lévi-Strauss, con chamanes, boas que hablan, orquídeas flotantes en aguas muy temperamentales. Es una apuesta arriesgada, eso de poner al protagonista de una novela a leer otra novela, pero Mendoza la gana de mano con su excelente manejo del lenguaje coloquial más un astuto final. ¡Aplausos para el cuate Élmer!
Rabito de paja: “Colombia ha tenido oligarquías liberales y conservadoras, que se han acusado recíprocamente de retardar el progreso patrio”. Alfonso López Pumarejo, 6 de noviembre de 1933.
Rabillo: En la saga de Harry Potter hay un fulano manipulador, sociópata y megalómano, Lord Voldemort, Señor de las Tinieblas. Por precaución, nadie menciona su nombre. Le dicen “El que tú sabes”, “El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado” o, simplemente, “El Innombrable”. Eso, en Hogwarts, colegio de magia y hechicería. En el Senado de Colombia, por orden de la Comisión de Ética, apareció otro Innombrable. Igual al “Tenebroso”. O peor, quién quita.