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Rojo como tu pelo

Esteban Carlos Mejía

26 de febrero de 2009 - 11:00 p. m.

ES UNA NOVELA GORDA… GORDA Y bien escrita. En las 464 páginas de Rojo como tu pelo, de Lucía Victoria Torres, Beca de Creación Ciudad de Medellín 2007, la vida fluye efervescente y sin retorno.

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La protagonista, Violeta Sánchez Ruiz, Violetica, cuyo pelo rojo ha desaparecido casi de raíz por culpa de la explosión de una bomba, nos narra el viaje que hace a Nueva York en 2002, prófuga del desengaño y la indiferencia de su Medellín del alma. Se aloja en el apartamento de Jóse, el hermano mayor, músico, homosexual y neurasténico, con quien empieza a cuestionarse sobre el pasado: una familia de clase media, numerosa, en ascenso por la jerarquía social, drenada por la violencia, la economía fugaz, un hijo marica, otro guerrillero y el niño de la casa con síndrome de Down. Demasiadas desgracias, dirán algunos. Ni tantas: apenas un reflejo de la mística realidad que nos rodea.

Los personajes son criaturas entrañables. El tío Ramón y su esposa, la chocoana Iris. Luciano, el mongolito, tierno y batallador, cuya muerte (¿suicidio?) es una injuria a la razón. Marcelo, amante de Jóse, españolete detestable, enredador y caviloso. Eva Muñoz, guía y tutora de Violeta, ser inteligente y sensato en medio de la perplejidad de una ciudad dominada por la mafia y su oprobioso modus operandi: sicariato, corrupción, menosprecio por la vida. Los papás de Violeta, amalgamados por la rutina del amor. La tía Margó, al rebusque día y noche. Los seis hermanos, caracterizados con precisión. Lorenzo Cortés, el publicista, prepotente y vacuo, valga la redundancia. Y Emilio Garcés, que aparece en las últimas páginas para traernos el hormigueo de un final casi feliz o, al menos, balsámico.

La trama es gelatinosa aunque inequívoca, o sea, a veces se desparrama en largos flashbacks, pero jamás se desvía de su propósito, gracias a la potencia de la voz narrativa, que relata con distanciamiento y sin aspavientos. Los diálogos, algo objetivados —cosa que entusiasma al prologuista Darío Ruiz Gómez—, ganan naturalidad y frescura a medida que la lectura avanza, y en ciertos momentos logran la vibración coloquial que la historia merece.

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Lucía Victoria fue reportera de El Tiempo entre 1983 y 1988, años de ignominia que detalló en crónicas y reportajes. Es docente universitaria y productora de televisión. Tiene tres libros de cuentos: El amor no es una rosa (1986), El soldado de cuerda (2005) y Dejó una mariposa su capullo (2007). A mi juicio, su trabajo literario está a la altura de la obra de Laura Restrepo y María Cristina Restrepo, las otras dos escritoras antioqueñas que recrean con inteligencia y finura las atmósferas de este país. Rojo como tu pelo es una novela seria, sólida y muy convincente. A leerla, pues.

Rabito de paja. Desde hace años mi bicicleta estática se llama Penélope Cruz. Yo me le monto veinte o treinta minutos diarios y quedo listo. Pero ahora ¿cómo? Con Óscar al lado, ¡qué pena, por Dios!

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