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Scorza, un relámpago sin tumba

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Esteban Carlos Mejía
24 de enero de 2014 - 08:55 p. m.
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“¿De dónde sacaste esos ibros?”. “Me los prestó un antiguo”. “¿Un qué?” Isabel Barragán resplandece en la mañana de Medallo.

Para una mujer de 33 añitos, bonita y seductora, un antiguo es un cucho y un cucho es alguien de 34 años o más. Vuelve a sonreír, no sin magnetismo: “Este es antiguo de verdad... tiene casi 60 años”.

Son cinco tomos, estrujados por el tiempo. El papel se ha vuelto ocre y en los bordes se percibe el manoseo de dedos cariñosos. El autor es un gafufito de frente alta y pelo lacio, un fulano del común, pero con ángel: Manuel Scorza. “Se mató en Madrid, en 1983, cuando el jumbo de Avianca en que viajaba, vuelo 011, se estrelló al aterrizar en Barajas. Todos los 181 pasajeros murieron, entre ellos, Ángel Rama, Marta Traba y el inconmensurable Jorge Ibargüengoitia”. Isabel me muestra los cinco Cantares. Redoble por Rancas e Historia de Garabombo, el invisible, en la Biblioteca Universal Planeta. El jinete insomne y Cantar de Agapito Robles, de Monte Ávila Editores. Y La tumba del relámpago, en Siglo XXI Editores. “Tienen más de 35 años y aún siguen vigentes”, exclama. Se le humedecen los ojos. “Son de esas obras que sacuden el alma y jamás se olvidan, un reverbero de esperanza en las noches del apocalipsis”. “Yo las leí cuando salieron”, digo, con la voz entrecortada. “Un quinteto inolvidable”.

“Busqué a Rancas en Google Maps”, se ilumina Isabel. “Soledad y ventiscas a más de 4.000 metros. Allí, hacia 1960, miles de indígenas, unidos en comunidades precolombinas, recuperaron sus tierras, expropiadas por latifundistas sin fondo, y combatieron a la Cerro de Pasco Corporation, precursora de cualquier Drummond Company o de cualquier AngloGold Ashanti. Pagaron con sus vidas la osadía de rebelarse”. Pero la rebelión comunera incendió la cordillera. “Así lo testimonia Fermín Espinosa, Garabombo, el Invisible”, dice. “Era invisible porque era indio y en el Perú nadie ve a los indios. Después, los fogoneros de la revolución, Agapito Robles Broncano, personero de la comunidad de Yanacocha, y Fermín Espinosa, el jinete insomne, avivaron el relámpago, ante cuya tumba se arrodilló Genaro Ledesma, patriarca de la izquierda peruana”.

Nunca había visto a Isabel tan emocionada. “No sabía que te gustaban las novelas políticas”, me atrevo a decir. “Son una hermosa colcha, un retazo de vida ordinaria por aquí, la imaginación más desbordada por allá. Scorza patentó una ecuación imbatible en la literatura latinoamericana: m + r = m”. “¿O sea?”. “Metáfora + realidad = magia. Pura herencia de César Vallejo”. Y sin pensarlo se pone a declamar uno de sus Poemas humanos: “Ya va a venir el día; / la mañana, la mar, el meteoro, van / en pos de tu cansancio, con banderas, / y, por tu orgullo clásico, las hienas / cuentan sus pasos al compás del asno, / la panadera piensa en ti, / el carnicero piensa en ti, palpando / el hacha en que están presos / el acero y el hierro y el metal; jamás olvides / que durante la misa no hay amigos. / Ya va a venir el día, ponte el sol”.

Rabito: Lo abuchean en Tunja. Le tiran tomates en Soacha. ¿Por qué son así? ¿Acaso no se dan cuenta de que Él (con mayúsculas de capataz) es el Mesías, el Redentor, el Salvador de Colombia? ¡Malagradecidos!

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