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Sueños y deseos 2015

Esteban Carlos Mejía

26 de diciembre de 2014 - 09:33 p. m.

Antenoche soñé con el título de esta columna. No “Sueños y deseos 2015”. Por todos los dioses. Soñé algo más complejo, más enredado, más soñador, valga la redundancia.

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Los sueños son “un mundo arcaico de vastas emociones y pensamientos imperfectos”, como en una novela de Rubem Fonseca, profeta de profetas.

En el sueño de nochebuena mi columna se llamaba “Virtudes de años insuficientes”. ¿Una película del viejo Wim Wenders o de los hermanos Coen? Siguiendo a Freud me puse a interpretar la vaina y terminé llorando por mi infancia de huérfano en una casa finca en San Jerónimo de los Cedros con mi abuela, mamá Julia, y mis tías, las señoritas Valderrama, Tina y Genia. Supe así que cada año de vida ha sido, es y será insuficiente para tantos anhelos, propósitos, intenciones y bienquerencias.

Hace un tiempo, por esta misma época, compartí mis propósitos de año nuevo, esas promesas solemnes y ridículas que uno (se) hace a la medianoche del 31, con doce uvas en la boca, bóxers amarillos y las maletas en la puerta de la casa. Incumplí la mitad, mínimo. Una vez, por ejemplo, prometí volver a trotar. ¿Para qué arriesgar la vida en las lomas de Envigado, con sus bólidos en bajada y sus busetas botafuegos en subida? Para hacer ejercicio está mi bicicleta de spinning, una yegüita de acero llamada Penélope Cruz, con la venia de su marido Javier Bardem. Yo me le monto 30 minutos diarios a Penélope Cruz y quedo listo. O sea, perfecto.

No soy un columnista objetivo, imparcial o neutral. Soy subjetivo, apasionado, caprichoso. No pretendo convencer a nadie. Ni busco que mis ideas se expandan por el mundo y el ciberespacio en beneficio de mi ego. Escribo columnas mientras mis novelas se vuelven best sellers (¡Ja, ja, ja! O, si prefieren, el emoticón correspondiente a carcajada feliz). Por eso, casi siempre digo lo que pienso sobre política y literatura, mis dos temas recurrentes.

En literatura hablo bien de los libros que me gustan. Hablo de los textos y poco de sus creadores. Para mí, la obra es más importante que el autor. Me gustaría hablar más de literatura, pero Fidel Cano, don Fidelio, no me ha dado una columna semanal (emoticón de carita con los ojos bien abiertos). A veces charlo con mi amiga Isabel Barragán, mucha mamacita, según decimos en Medallo. Juntos comentamos libros y libros y libros. Mientras unos trabajan y trabajan y trabajan, yo leo y leo y leo; escribo y escribo y escribo.

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Aún soy menos ecuánime en política. Me declaro socialdemócrata de izquierda, en la línea de Lula y Dilma Rousseff, tan desacreditados ellos entre las élites de poder neoliberal o alternativo en Colombia. Creo fervientemente que hoy en día las apariencias se han vuelto esenciales en política: las diferencias de estilo entre Clara López y Jorge Enrique Robledo, o entre Uribe y Santos, no son sólo formales sino que expresan y reflejan diferencias de fondo en sus concepciones del Estado, el bienestar y la democracia (emoticón de carita de asombro).

Después de estas confesiones, debo decir que mis sueños y deseos para 2015 son simples y sencillos: que ustedes, amables lectores y furibundos foristas, tengan un año pleno de salud, prosperidad y sabiduría. Un año insuficiente, pues.

Rabito de paja: “Y tener la esperanza. Aunque sea / inútil. Tener la esperanza”. Eduardo Chirinos.

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