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'Ulises' por amor

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Esteban Carlos Mejía
23 de agosto de 2013 - 10:00 p. m.
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Llego tarde a la cita. Mi amiga Isabel Barragán está sola, en un rincón del café, con un librote abierto en las últimas páginas.

Me le arrimo por detrás, en puntillas. Siento su fragancia, Chanel Nº 5, y me estremezco. Trato de no mirarle los pechos, rebosantes de gracia. Complicado. A duras penas distingo unas pocas palabras del texto, algo sobre una fulana llamada Molly. “¿Molly?”, me río. “¡Qué nombre tan mañé!”, digo. “Mi mamá se llama Dolly”, reacciona Isabel, sin dejar de leer. “¿También te parece muy mañé?”. La tierra no me traga, pese a mis súplicas. Para disimular el bochorno, vuelvo y le miro los pechos, exuberantes de brujería, ya dije.

“Es el capítulo final de Ulises, de James Joyce”, me explica. “Un monólogo interminable, caótico, erotizado frase a frase, culminación de una novela repleta de alusiones sexuales, diálogos hilarantes, juegos de palabras, guiños y contraguiños, burlas, sátiras y agudezas”. “¿No es un libro muy difícil de leer?”, le pregunto. “Joyce dijo que lo había escrito para tener ocupados a los críticos durante 300 años”, me responde, no sin jocosidad. “Ya casi ajusta los primeros cien”. Transcurre en un solo día, el 16 de junio de 1904, en Dublín, Irlanda, y narra las peripecias de tres personajes entrañables. “El más joven y, por tanto, el menos recóndito, es el estudiante Stephen Dedalus, polemista, burletero, una joyita de la buena vida. También sale en Retrato del artista adolescente (A Portrait of the Artist as a Young Man), novela de iniciación, muy religiosa a mi juicio, publicada por Joyce en 1914, el mismo año en que empezó a escribir Ulises”.

Me siento a su lado y ojeo el mamotreto. “El protagonista es Leopold Bloom, Poldy, agente publicitario de dulce y serena medianía, cuyo amor asimétrico por su esposa Molly ilumina cada capítulo con fuerza y esplendor”. “¿Amor asimétrico? Me suena”. “Algunos dicen que Molly Bloom está inspirada en Nora Barnacle, la mujer de Joyce”, dice Isabel. “Podría ser. No sé. Prefiero verla como una creación autónoma y original. Es problemático quererla, en todo caso. Su presencia es casi asfixiante”.

“No te gusta, pues”, digo. “Por el contrario, me atrae muchísimo: la franqueza de su pensamiento es deslumbrante”.

Acaricia el libro. “Algunos lo leen como si esto fuera una guía turística de Dublín. Error garrafal. Si quieres aprender sobre el amor, tienes que leer a Ulises”. Le digo que sí, a ver si me perdona. Nada. “Jamás voy a olvidar lo de mi mamá”, murmura, quejumbrosa y lisonjera, a lo Molly Bloom, Dios las bendiga.

Rabito de paja: “Somos una raza manejada por los curas, y lo hemos sido siempre, y lo seremos hasta la consumación de los siglos. Míster Dedalus repitió: Una raza gobernada por los curas y dejada de la mano de Dios”. James Joyce, Retrato del artista adolescente, 1914.

Rabillo: ¿por qué los políticos no aprenderán de los líderes deportivos? Catherine Ibargüen y Nairo Quintana nos enseñan honestidad, modestia, perseverancia, sin arribismos ni poses: ¡campeones del pueblo!

Rabico: cambiaron al generalato y aún seguimos sin saber quiénes son los infiltrados uribistas en las Fuerzas Militares. ¿Quién sapea las coordenadas de las operaciones secretas? ¿Quién es el traidor?

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