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Voy a Bucaramanga a la premiación de los concursos de libros de cuento y poesía de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y, ¡oh casualidad!, en el avión me encuentro con Isabel Barragán.
La berraquita está como quiere estar: hermosa y sensual, con un vestido vaporoso, muy de entrega inmediata, diría el marido, ganadero de nueva generación, que la acompaña y no la desampara, ni pendejo que fuera.
En Palonegro, sin embargo, nos desentendemos de él y corremos para la UIS. Llegamos justo a tiempo: los jurados dicen sus razones. La ganadora en poesía, la escritora bogotana Sandra Uribe Pérez, lee algunos de sus versos, sin artificios y plenos de sugestiones. Después le toca el turno a Natalia Jiménez Cardozo, la ganadora en cuento. “¡Qué bicho más raro!”, me susurra Isabel. “No es pa’ tanto”, digo. Natalia tiene 26 años y es caleña, menuda, con cara de estudiante de grado 11 aunque ya es médica de la Universidad del Valle. “Igualita a Lisbeth Salander, la heroína de Millennium, de Stieg Larsson”, vuelve a murmurar Isabel. “Pero sin tatuajes”, digo. “No a la vista, por lo menos”.
La cuentista tiene el ceño fruncido y habla poco. Constata, en primer lugar, que en Bucaramanga hace calor como en Cali y luego dice algo asombroso: “Yo escribí mi libro en un fin de semana”. “Premiaron a un fenómeno”, me sopla Isabel. “Tú, Estebitan, te demoras cuatro años y medio para escribir una novela y esta culicagada se faja diez cuentos en dos días...”. El libro se llama Una cosa a la vez y, como coincidieron los jurados, utiliza “un lenguaje sugerente, desde voces muy bien logradas que consiguen atmósferas misteriosas, universos de una tensión intrigante y sorprendente, un mundo lúdico y a la vez crítico”. Y lo eligieron porque les pareció “inteligente y refrescante para la literatura colombiana”.
En el cuento Una cosa a la vez se recrea el horror de la violencia intrafamiliar, todo sugerido, a medias tintas que se captan sin esfuerzo. Año rural es una sarcástica mirada a la moralina con que se vive la homosexualidad en Colombia. La señorita Lorenz va al teatro es un precioso homenaje a Ernest Hemingway. Lassie, eres una perra egoísta parodia con ironía las relaciones humanas. Y así, los otros textos, entre el escarnio y el humor.
“¿A quién leerá esta nena?”, se interesa Isabel. Averiguo. A Thomas Bernhard, el polémico escritor austríaco, cuyo cinismo encalambra el alma. A Hemingway, desde luego. A Roberto Bolaño, sobre todo Estrella distante, su novela más breve. Y a Alessandro Baricco, Seda y Océano mar, que quiere llevar al cine. Porque Natalia Jiménez es caleña y Cali es Caliwood desde Andrés Caicedo. Escribe con las entrañas, en inesperados arranques de catarsis o quizás de abreación psicoanalítica. Su escritura es visceral, sin concesiones a los oficiantes de la literatura, mordaz, con la oscura belleza de las tinieblas.
“Ojalá el próximo puente festivo le rinda a esta muchachita”, dice Isabel. La miro intrigado. “A ver si se luce con otra joya”, agrega, no sin resabio. “Lo que es la vida”, digo o suspiro.
Rabito de paja: “Otro beso / sin ti”. El ausente, Sandra Uribe Pérez.
Rabillo de paja: Para el gobierno de Santos, ¿el uribismo es lastre político o estorbo ideológico?
