Durante casi tres años los periodistas buscaron insistentemente al expresidente Pastrana para saber qué opinaba de la administración de Iván Duque. Siendo el exmandatario uno de los líderes más notorios de la coalición que llevó al poder al actual Gobierno, era lógico que los medios lo llamaran para conocer sus impresiones sobre el precario desempeño del hombre que él ayudó a elegir.
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No obstante, quienes en estos años le solicitamos una entrevista nos quedamos viendo un chispero. Con un mensaje, siempre amable, el expresidente advertía que “en este momento no estaba hablando con ningún medio de comunicación”. La razón por la que Pastrana prefirió guardar silencio resulta obvia: no quiere que le cobren, en el 2022, el fracaso de Duque en la Presidencia.
Esa pirueta, la de hacer creer que no tiene nada que ver con el actual Gobierno, no le queda fácil venderla. Pastrana no solo fue cofundador de la coalición de derecha y movió su capital político para asegurar el triunfo del uribismo, sino que tiene, en Marta Lucía Ramírez, a una escudera suya al mando de la Vicepresidencia y, ahora, de la Cancillería. Sus vínculos políticos y sus vasos comunicantes burocráticos con el Ejecutivo son tan notorios, que su única opción era quedarse callado y esperar el paso de la tormenta.
Pero la semana pasada, vaya uno a saber por qué, Pastrana rompió su silencio y se dedicó a darle entrevistas a todo aquel que le abriera el micrófono. En principio pensé que el expresidente iba a seguir la fórmula de Álvaro Uribe: echarle la culpa a Iván Duque y lavarse las manos. Pero, para mi sorpresa, el líder conservador (o el “jefe de la centroderecha en el mundo”, como él mismo se hace llamar) salió a decir, palabras más, palabras menos, que el presidente no tiene ninguna responsabilidad en la crisis que estamos atravesando.
Para él en Colombia no hay protestas espontáneas de un pueblo que se cansó. Lo que para nosotros es un estallido social sin precedentes, él lo define como una “conspiración internacional contra Colombia”. De eso, como era de esperarse, Pastrana no presenta ninguna prueba. Cita una frase de Nicolás Maduro en la que, según él, el dictador afirma que las brisas bolivarianas vienen para Colombia. ¿Es esa una prueba de que Maduro es el gestor de más de un mes de protestas sostenidas? No parece.
En cuanto a los abusos de la autoridad, los desmanes y el uso excesivo de la fuerza, advierte que ese problema tampoco puede endilgárselo al presidente. Ese rollo, para él, lo deben solucionar los alcaldes. Pastrana concluye diciendo, como si hubiera simplemente traducido al español la tristemente célebre autoentrevista de Duque, que Petro es el gran responsable de la ola de manifestaciones en el país.
En todo esto hay dos conceptos importantes que en Colombia poco se aplican: la autoridad moral y la responsabilidad política. Pastrana, solo vencido por Iván Duque en el mal manejo de un gobierno, carece de la primera. Y en cuanto a la segunda, bueno sería entender que, si seguimos votando por el candidato que impongan los expresidentes para solucionar la crisis en la que nos metió el candidato de los expresidentes de hace cuatro años, no vamos para ninguna Pereira.