21 Sep 2021 - 5:30 a. m.

El sepulturero del uribismo

El uribismo, como fuerza política, ha sobrevivido a todo. Ese partido parecía estar hecho de hierro, blindado ante los escándalos. A los militantes del Centro Democrático, que son tal vez los más fieles del espectro, nunca les importaron los miles de cuestionamientos que desde su fundación han rondado al partido y a su jefe natural, Álvaro Uribe.

Los fieles adeptos, por grave que resultara la acusación, siempre encontraban la manera de argumentar que, fuera lo que fuera, se trataba de una persecución política injusta contra el “gran colombiano”. Así, galopando sobre esa devoción casi religiosa de su base, el hoy partido de gobierno lograba salir invicto y, a veces, hasta victorioso, cuando alguien trataba de endilgarle responsabilidad política por alguna barbaridad.

Se vienen a la mente miles de ejemplos: las chuzadas, la parapolítica, los falsos positivos, la compra de la reelección, los ministros presos, los funcionarios fugitivos, el proceso judicial contra Uribe, su fugaz condición de capturado, las doscientas y pico investigaciones abiertas, los Doce Apóstoles, los testigos, los negocios de Tomás y Jerónimo, los evidentes vasos comunicantes entre los líderes notorios del partido y el mundo de la criminalidad, etc.

Nada de eso importó. Álvaro Uribe, como ningún otro político en la historia reciente, logró siempre convertir sus derrotas en victorias. Y a pesar de semejante peso negativo que carga a sus espaldas, fundó un partido con su propia silueta estampada en el logo y, en cuestión de pocos años, lo volvió la principal fuerza en el Congreso y puso al presidente de la República. Allá llegó entonces Iván Duque Márquez, el hombre elegido con la consigna de hacer trizas la paz. Y miren las vueltas que da la vida. ¡Qué iba a pensar Uribe que el discípulo que instaló en el Palacio de Nariño, en lugar de hacer trizas la paz, como se lo ordenó él, iba a acabar haciendo trizas al uribismo!

Así como suena. El hoy presidente logró lo que por 20 años había sido un imposible para los líderes opositores: sepultar políticamente al Centro Democrático. Ese partido ya no solo se quedó sin chance alguno de mantener el poder, sino que explotó por dentro. La pelea de días recientes entre los representantes Gabriel Santos y Jennifer Arias es apenas la punta de iceberg.

Muchos de los miembros de la bancada uribista no se pueden ni ver. Y ni hablar de los candidatos. Atrás quedó ese ambiente de camaradería y de obediencia irrestricta a Uribe que reinó por años. Ahora ellos se señalan de corruptos unos a otros. ¡Y cómo llama la atención verlos a todos peleando por ganarse el favor de Uribe! Parecen no haberse dado cuenta de que los están usando. Son apenas parte de la escenografía teatral. Seamos claros: Álvaro Uribe sabe perfectamente que su partido no sobrevivió a la catástrofe de Iván Duque. Por eso fue el primero en saltar del barco.

Señores presidenciables del Centro Democrático: en las próximas elecciones Uribe necesita ganar. Y él, más que en elegir el presidente, está pensando en elegir el fiscal. Como ninguno de ustedes tiene chance, déjenme decirles que su jefe ya los abandonó. Su candidato tiene nombre y apellido: se llama Federico Gutiérrez.

@federicogomezla

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