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No han entendido nada

Federico Gómez Lara

29 de junio de 2021 - 12:30 a. m.

Al parecer, los altos dirigentes de la antigua guerrilla de las Farc, hoy convertidos en connotados líderes políticos del Partido Comunes, han entendido poco del sentido real de la firma del Acuerdo de Paz. O por lo menos fue esa la impresión que nos dejaron en el acto de reconocimiento celebrado la semana pasada en la Comisión de la Verdad.

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Es cierto que ese proceso histórico de negociación, que millones de colombianos respaldamos y seguiremos respaldando, tenía como eje central la consecución de un objetivo: lograr, de una vez por todas, el silencio de los fusiles que durante décadas fueron empuñados por el otrora grupo insurgente. Pero, en realidad, sentarnos a dialogar tenía un propósito mucho más profundo y menos inmediato que ese. Se trataba, en esencia, de la puesta en marcha de un mecanismo para que una generación entera de colombianos, acostumbrada por años a matarse, fuera capaz de mirarse al espejo, para luego sanar sus heridas y perdonarse.

Los desmovilizados que asistieron al evento no pudieron haberse equivocado más en su lectura de las circunstancias. Ese espacio dispuesto por la Comisión, más que una imposición arbitraria, era una oportunidad para que los exguerrilleros, de frente al país y mirando a los ojos a sus víctimas, de corazón les pidieran perdón por las décadas en las que las sometieron y degradaron con el secuestro. Pero nada de eso se puso sobre la mesa aquel día.

Toda la razón tuvo Íngrid Betancourt al reclamarles la falta de sinceridad y de autenticidad en sus palabras. Poco conmovidos se les vio. Muy a pesar de las víctimas, los ex jefes guerrilleros entendieron el acto como un espacio al que tenían que ir a defenderse, a justificarse. A todos nos parte el alma oír los relatos de quienes se hicieron presentes ese día a contar sus dolores. No existe hoy un colombiano, rico, pobre, joven o viejo, que de una u otra manera no haya sido tocado por la violencia de las Farc. En este país todos tenemos un tío, un primo, un amigo o un conocido que tuvo que morir antes de tiempo por un conflicto con el que nada tenía que ver.

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En buena hora el Estado colombiano le abrió la puerta a una negociación de paz. Esa barbarie tenía que parar y no existía otra manera de ponerle punto final. Ahora, hay que decir, para llegar a esto, en la sociedad civil tuvimos que hacer concesiones. Aceptamos someterlos a penas alternativas, les permitimos medirse en las urnas, les ofrecimos la posibilidad de tener un partido, les garantizamos unas curules mientras lo consolidaban, les pusimos escoltas del Estado y les dimos la oportunidad de participar activamente desde el Congreso en la redacción y aprobación de leyes.

Todo eso, señores de las antiguas Farc, no se les concedió porque sí. Ustedes, quienes siguen luchando desde la legalidad, han cumplido con buena parte de sus obligaciones. Ahora les queda lo más difícil y lo más importante: pedir perdón desde el corazón.

Como dijo Íngrid, la guerra deshumaniza. Para que el perdón de los ex-Farc sea sincero, lo primero que tendrán que hacer es humanizarse ustedes, mirarse al espejo y sentir el dolor que les ocasionaron a las víctimas con cada una de sus acciones. El país lo está esperando.

@federicogomezla

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