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30 Nov 2021 - 5:30 a. m.

Óscar Iván, date cuenta

Son pocas las cosas en las que, en materia de política pública, he estado de acuerdo con Óscar Iván Zuluaga, el recién proclamado candidato del Centro Democrático. Sin embargo, eso no me impide sentir cierta compasión frente a su situación actual.

En época de campaña electoral resulta fácil caer en la dinámica de las pasiones. Contrario a lo que sería deseable, la carrera por la Presidencia acaba generando un escenario en el que los colombianos dejan de lado los argumentos, las propuestas, los programas de gobierno y las trayectorias de los candidatos, y se fijan más en los insultos, las mentiras, las calumnias, las burlas y las descalificaciones. Para cualquier persona, por sólida que sea, enfrentarse a eso es fregado.

Parecemos olvidar, a veces, que aspirar a la Presidencia, al igual que gobernar, es una tarea dificilísima. Para someterse a semejante cosa, se necesita una personalidad especial, que puede casi rayar en la locura. Los aspirantes dejan de ver a sus familias, trabajan sin descanso para recorrer el país de pueblo en pueblo, se aguantan las críticas de la prensa, los memes, atienden miles de entrevistas y debates, les cae encima el más alto grado de escrutinio público, ponen en riesgo su seguridad y se endeudan hasta el cuello.

Ellos se le miden a todo lo anterior, parados sobre la esperanza de que la maquinaria de sus respectivos partidos, las alianzas que concreten, la aceptación de sus propuestas, los esfuerzos de sus equipos de campaña y, sí, algo de suerte los lleven a ganarse el favor de los votantes para vestir la anhelada banda presidencial el próximo 7 de agosto. Por eso, al ver el júbilo con el que Óscar Iván Zuluaga y su familia celebraban saltando su designación como candidato único del maltrecho partido de gobierno, no pude evitar sentir cierta empatía.

Pobre señor, pensaba yo, mientras le veía una sonrisa que parecía la de un hombre convencido de que su candidatura va en serio. En cuestión de segundos se me pasaron por la mente sus miles de intentos por agradar y los que faltan, que al final no acabarán en nada: las penosas coreografías de TikTok, el palo que le van a dar por lo de Odebrecht, sus salidas en falso denunciando supuestos hechos que calló por ocho largos años y sus bandazos ideológicos para tratar de mostrarse como un candidato “moderno”.

Zuluaga es un tipo que ha hecho la fila: es un hombre preparado, ha ocupado importantes cargos públicos y hasta ganó una primera vuelta presidencial. Pero lo cierto es que Óscar Iván no es el candidato de nadie. Su partido, empezando por Uribe, ya está jugado por la candidatura de Fico Gutiérrez.

En entrevista con W Radio, Zuluaga dijo algo que en el Centro Democrático es una herejía: “Los acuerdos de paz con las Farc hay que respetarlos. Ahí no hay discusión”. Pero, más que eso, Uribe y sus áulicos, conscientes del viento en contra que les dejó Duque, saben que para ganar necesitan un uribista que no lo parezca. Y ese, definitivamente, no es Óscar Iván Zuluaga. Para él, en últimas, más fácil sería dejar de postergar lo inevitable y hacerse a un lado para adherir a la campaña “independiente” de Fico. Al final, todos los caminos conducirán a Roma…

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