Estamos a una semana de unas elecciones definitivas para el futuro del país. No tengo en mi memoria una situación tan lamentable y complicada como la que estamos viviendo. Nos han puesto a escoger no el mejor sino el menos malo.
El ingeniero y Petro son una muestra clara de la locura misma. Qué pereza toda esta situación, pues vamos a tener, en los próximos cuatro años, un país más inmanejable de lo que es hoy. Los resultados van a ser tan apretados, según las últimas encuestas, que la gobernabilidad del que gane será muy limitada. Por lo demás, ni Hernández ni Petro tienen mayorías en el Congreso. ¡Oh, confusión, oh, caos!
Sin ser experto, faltaba más, en enfermedades mentales, me atrevo a insinuar que los candidatos en mención no aguantan un examen psiquiátrico. Megalómanos, egocéntricos y mitómanos. Como se dice popularmente, que entre el diablo y escoja. Colombia no se merecía una situación como la que estamos viviendo, pero, claro está, se debe a la indolencia de nuestra mal llamada clase dirigente en los últimos 50 años. Lo que estamos viendo es una evidente manifestación de protesta en contra de la clase política tradicional. Tal vez esto se aplica más al caso de Hernández, porque Petro está rodeado de los mismos y las mismas de siempre. Una cantidad de innombrables.Hoy todavía sigo dudando por cuál de los dos candidatos votar o si, tal vez, votar en blanco o no votar. Me aterra que llegue cualquiera de los dos, pero me preocupa mucho más que el próximo presidente sea Petro, rodeado de escoria. Él decidió que todo vale, aun el apoyo de personajes muy cuestionados. Ellos, háganme el favor, se sienten el faro moral de la República: Benedetti, Roy, Julián Bedoya y Zulema Jattin, entre otros.
También es cierto que el ingeniero está imputado por un caso de corrupción y no ha sido condenado. Con todo, los petristas han pretendido hacerle creer al país que ya está condenado. Siempre hemos sabido que la política es un asco, pero lo que estamos viendo ya es la tapa. De lado y lado están jugando sucio. ¡Qué porquería todo esto!
Notícula. Mañana 13 se cumplen 69 años desde que el dictador Gustavo Rojas Pinilla se tomó el poder. Hoy quiero rendirles un homenaje a las mujeres que llamaron las Policarpas, quienes batallaron en contra del dictador. Ellas fueron, entre otras, Marujita Calderón y sus hijas Paulina Nieto y Clara Nieto, Berta Puga y Pelusa Calderón. Se reunían en la casa de Marujita en las tardes a conspirar en contra del dictador. Mientras unas tejían y otras hacían diferentes labores, redactaban unos textos liberales, que se imprimían en un mimeógrafo que tenía un liberal en el barrio Santa Fe. En alguna oportunidad llegaron los matones del SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano) a hacer una redada. Y no encontraron nada, porque la nieta de Marujita, la entonces niña María Elvira Samper (la prestigiosa periodista), estaba sentada en la poltrona debajo de la cual habían escondido las publicaciones.