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Abelardo presidente

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Felipe Zuleta Lleras
24 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
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Llevo casi 30 años escribiendo todos los domingos esta columna en El Espectador. Nunca en este lapso he cantado mi voto ni he sugerido por quien hacerlo. Pero en esta oportunidad, ejerciendo mi derecho a opinar como el de cualquier ciudadano, quiero compartir con ustedes algunas reflexiones por las cuales explicaré mi voto en primera vuelta por el candidato Abelardo de la Espriella.

Conozco a Abelardo hace 25 años, cuando él era un joven recién egresado de la universidad. No tengo claro en dónde y por qué nos conocimos, pero hemos continuado una estrecha relación, a tal punto que conozco a su esposa y a sus hijos, a sus padres y a su familia. La primera cualidad que destaco del candidato es su generosidad. Nunca en estos años, por ejemplo, ha dejado de llamarme el día de mi cumpleaños.

En su trabajo es ordenado, metódico y franco. Y no lo digo porque me lo han contado sino porque en alguna oportunidad, hace ya muchos años, me tuvo que apoderar en un proceso penal que finalmente resultó a mi favor.

Hemos tenido una magnífica amistad y jamás le he visto una conducta reprochable. Por el contrario, es un hombre de familia, empresario, trabajador, y con un carácter fuerte, que es lo que se necesita en estos momentos para que el país no caiga en manos de la misma escoria que nos ha gobernado en los últimos cuatro años. Pero no sólo eso, es que en estas elecciones se define, sin dudarlo, si damos un paso hacia el comunismo o restablecemos el daño irreparable que Petro le ha hecho al país. Lo han acusado de lo divino y de lo humano, con argumentos tan falaces como a quién ha defendido en su condición de penalista. Estas teorías son tan banales que no vale ni siquiera la pena refutarlas.

Abelardo le está proponiendo al país lo que él llama la extrema coherencia, que no es nada distinto que recuperar el territorio perdido hoy en manos de los grupos narcoguerrilleros, no seguir permitiendo bloqueos y desmanes que le producen millonarias pérdidas al país, garantizarle la seguridad a todos los colombianos, reconstruir el sistema de salud que Petro destruyó, recuperar la confianza de los inversionistas extranjeros, trabajar duramente para volver a tener total confiabilidad en el sistema energético, lo que implica quitarle Ecopetrol a los ladinos que hoy la manejan, combatir con mano dura la corrupción, nombrar gente de excelsas calidades para los altos puestos del gobierno, restablecer las relaciones internacionales que Petro dejó deterioradas, y por último, hacer las grandes reformas que el país necesita, sin necesidad de entrar en una asamblea nacional constituyente como la que pretenden Petro y su candidato Cepeda.

Hoy prefiero que me digan que soy de derecha a tener que vivir bajo un régimen como el de Cuba o Venezuela. La pervivencia del país depende totalmente de que los colombianos no nos equivoquemos en quién debe ser el próximo presidente de Colombia.

Nunca habíamos estado, como país, en esta encrucijada tan difícil.

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Mauricio Murcia(05056)Hace 34 minutos
Cásese con Abelardo
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