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El presidente Gustavo Petro podrá ser mitómano, egocéntrico, mesiánico y paranoico, pero no es bruto. Lo digo para explicar mi tesis sobre la postura de Petro contra Israel y su gente, frente al ataque perpetrado por los criminales de Hamás hace dos semanas. Petro no solo no ha condenado el ataque, sino que sigue agrediendo a Israel. Pues bien, las consecuencias, previsibles, eran, entre otras, que el Estado de Israel nos quitara todo el apoyo militar que nos ha dado por décadas de buenas relaciones. Eso Petro lo tiene medido. Aun así, sigue del lado de los criminales de Hamás, que no son el Estado palestino. Petro durante su paso por la guerrilla no logró acabar con nuestras FF. MM., ahora lo está haciendo, pero en su calidad de comandante en jefe y de presidente de la República. No se equivoquen, Petro quiere desmantelar nuestras FF. MM. y de policía y, por eso, no solo asumió esta posición contra Israel. Petro, el guerrillero, jamás calculó que en solo dos meses de gobierno podía tumbar más de 60 generales. Hombres y mujeres que se prepararon por más de 30 años para evitar que el país caiga en manos de los grupos guerrilleros como el ELN y las disidencias de las FARC. Bajo el ropaje de la improvisada paz total, Petro lo que finalmente quiere es, por un lado, debilitar a nuestras FF. MM. y, por el otro, fortalecer a los criminales. Por eso es que de manera solapada y de espaldas a la opinión pública, el incapaz ministro de Defensa, señor Velásquez, está evitando el actuar del Estado frente a los criminales. Entre los militares es un secreto a voces que se sienten maniatados por el ministro y el presidente. Hay descontento, desasosiego y, sobre todo, mucha preocupación.
Bajo el imperio de la Constitución, las FF. MM. deben obedecer a su comandante en jefe. Lo que nunca previó la carta magna es que algún día ese comandante sería un guerrillero amnistiado que nunca dejó de comportarse como subversivo. Solo que ahora tiene el poder para acabar con el país, no solo frente a los temas de orden público, sino también con asuntos vitales como las pensiones, el sistema de salud, la empresa privada, la educación; todo calcado de cientos de casos fallidos en, por solo mencionar algunos, Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Dejemos de disfrazar estas desastrosas políticas con la frase de que Petro fue elegido como presidente y que, por lo tanto, llegó al poder con esas propuestas. Que la institucionalidad, dicen algunos, se tiene que respetar. Claro que sí, pero el primero que debe hacerlo es el jefe del Estado. Los colombianos no podemos permitir que nos arrebaten al país por los caprichos socialistas de un exguerrillero. Como dijo el profesor y exministro Alejandro Gaviria, que conoció bien el monstruo por dentro: “Si hubiera tenido incluso la más leve sospecha de un rompimiento institucional para quedarse, no lo habría apoyado. Jamás. En 2026 se tiene que ir. Sale o lo sacamos”.
