Siendo esta la última columna del año, bien conviene que hagamos un balance del extraño 2021. No sé a ustedes, pero a mí me pareció que este año pasó volando. Ayer fue enero y ya estamos a finales de diciembre. A pesar de la pandemia y todas las malas consecuencias que trajo para el país, Colombia, de manera sorprendente, se ha recuperado muy bien en su economía. Las cifras de crecimiento son realmente asombrosas. La verdad, no tengo claras las razones por las cuales la recuperación ha sido tan buena. Por solo mencionar un caso, miremos las ventas billonarias de los días sin IVA. Un país con tanta pobreza, por un lado, y boyante, por el otro, nos debe dar pie para hacer algunas reflexiones.
Ciertamente, el sector privado colombiano ha mostrado ser muy eficiente y tener una resiliencia enorme. Tal vez el haber tenido que funcionar en un país que estaba en guerra nos preparó para trabajar en condiciones precarias. Así lo demostró el año pasado en medio de lo peor de la pandemia, cuando no salíamos. Ahora bien, las cifras de pobreza son alarmantes; sin embargo, los centros comerciales, restaurantes, bares y discotecas, por solo mencionar unos casos, están a reventar. En Bogotá, por ejemplo, si usted no hace reservación con varios días de anticipación, no consigue una mesa.
¿De dónde viene toda esa plata? Parte, sin duda, del sector formal de la economía, pero otro tanto llega, creo yo, de cuatro fuentes ilegales, a saber: narcotráfico, contrabando, corrupción y minería ilegal. De no ser por estas actividades ilícitas, seguramente no estaríamos hablando de esta recuperación económica. Colombia, lamentablemente, se convirtió en la lavandería de dineros ilícitos más grande del mundo. No en vano, para nuestra vergüenza, somos el país que más produce y exporta cocaína. Esa plata entra de alguna manera a nuestra economía.
No le quiero quitar méritos al ministro de Hacienda, José Manuel Restrepo, quien ha demostrado ser un muy buen ministro. Sin duda alguna, su talante le ha generado confianza al sector empresarial y a los inversionistas extranjeros. Eso es importante, pues siendo el año entrante el de elecciones, por lo general, los inversionistas suelen esperar.
Si uno ve a empresarios como los Gilinski dispuestos a invertir miles de millones de dólares es porque tienen fe en la economía colombiana. Hace unos días la revista The Economist actualizó el Indicador de Normalidad Global, donde Colombia ocupa el primer lugar entre 100 países analizados, “con una calificación que ratifica que nuestra economía supera indicadores previos a la pandemia”, según informó el ministro Restrepo.
Por todo esto es que resulta muy difícil de creer que en el país hay 21 millones de personas en pobreza monetaria.
Para terminar, permítanme desearles un feliz Año Nuevo, esperando que el 2022 nos traiga a los colombianos más paz. Ojalá salgamos de esta pandemia que nos ha tenido en ascuas y que no quiere irse ahora por ómicron. ¡Quiera Dios que se acabe la polarización!