Frente a los casos inadmisibles de acoso sexual en Caracol, que nos han impactado a quienes allí trabajamos, no puedo menos que identificarme con cada una de las palabras de nuestro presidente Gonzalo Córdoba que hoy tomo como propias.
“Las instituciones, como las personas, son juzgadas en los momentos en que se ven obligadas a mirarse con honestidad. Hay circunstancias en las que una organización no puede ampararse en su historia, en sus logros o en su prestigio. Debe responder a una pregunta más fundamental: ¿qué principios la sostienen y qué límites está dispuesta a reconocer? El poder, cuando no se examina a sí mismo, corre siempre el riesgo de confundirse con permiso. Y el silencio, cuando se vuelve costumbre, termina erosionando aquello que pretende proteger. Por eso hay momentos en los que hablar no es un gesto de comunicación, sino un deber de responsabilidad. Hoy me dirijo a ustedes consciente de la gravedad del momento que atravesamos. A quienes han vivido situaciones que no deberían ocurrir en ningún entorno laboral, dentro o fuera de Caracol, quiero expresarles algo con claridad: lo sentimos profundamente. Ninguna persona debería sentirse vulnerable o insegura en su lugar de trabajo. Que algo así haya podido ocurrir en un espacio que debe ser de respeto y confianza nos obliga a una reflexión seria. Las palabras, por sí solas, no reparan lo vivido. Pero el silencio sí agrava las heridas. Por eso corresponde reconocer que, si existieron conductas indebidas, deben conocerse y deben tener consecuencias. No vamos a justificar, minimizar ni esconder nada. La verdad es la única base posible para preservar la confianza. Este momento también exige algo más amplio: una reflexión institucional. Las organizaciones no están por fuera de los cambios de la sociedad. Durante demasiado tiempo, en muchos lugares, comportamientos que hoy sabemos que son inaceptables se toleraron o se ignoraron. Ese tiempo ha terminado. Las instituciones tienen la responsabilidad de ese cambio y de actuar en consecuencia.
Aquí debe existir una certeza clara: nadie está por encima de la dignidad de otra persona. Ningún talento, ningún cargo y ninguna trayectoria justifican comportamientos que vulneren ese principio.
Vamos a revisar nuestros protocolos, reforzar los mecanismos de denuncia y asegurar que existan procedimientos claros y confiables. Sin embargo, ninguna norma sustituye la responsabilidad individual y colectiva de construir una cultura de respeto. Las instituciones se definen por la forma en que enfrentan sus dificultades. Y este es uno de esos momentos. Y quiero decir algo más. A quienes han tenido el valor de hablar, les debemos respeto. Y a quienes todavía no se sienten en condiciones de hacerlo, deben saber que este también es su espacio. Una institución solo puede ser verdaderamente fuerte cuando las personas que la conforman se sienten seguras dentro de ella”.
Los tiempos cambiaron y hoy el acoso es un crimen.