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Desde que Gustavo Petro se posesionó, el país va manga por hombro. En la gran mayoría de los altos cargos del Gobierno ha nombrado a personas inexpertas en los asuntos que les corresponde trabajar, como Irene Vélez en Minas, María Isabel Urrutia en Deporte, Cielo Rusinque en el DPS y Concepción Baracaldo en el ICBF, por solo mencionar algunos casos. No fue capaz de aguantar en su gabinete gente mejor preparada que él, si es que lo está, porque en sus alucinantes discursos demuestra que no. Sacó a José Antonio Ocampo, Cecilia López y Alejandro Gaviria, entre otros. Le encanta estar rodeado de gente mediocre, como él, pues nunca se destacó por ser buen estudiante ni mucho menos por ser un buen profesional.
Cada vez que le critican algo o a alguien, como es el caso de Laura Sarabia, hoy investigada por el caso de las maletas en efectivo, el polígrafo y las chuzadas ilegales a la niñera de su hija, la premia con una de las entidades del Estado que más plata maneja: el DPS. Pero cuando la sacó como jefa del despacho, dijo que lo hacía para que no pudiera, desde un puesto del Gobierno, interferir con la justicia. Mentiroso y afrentoso.
Mantuvo por varias semanas adicionales en su cargo como embajador a Armando Benedetti. ¿Por qué? No interferiré con la justicia, dijo frente al caso de su hijo Nicolás, pero sospechosamente lo visitó apenas unas horas antes de que compareciera ante la Fiscalía a entregar pruebas sobre el ingreso de dineros ilícitos a la campaña presidencial. El hijo, que tiene un acuerdo de colaboración con la Fiscalía, está, seguramente por instrucciones de su padre, mamándole gallo a la Fiscalía, pues me atrevo a afirmar que están apostando a la salida del fiscal Barbosa en unos pocos meses. Ojalá el fiscal del caso y el fiscal general no se dejen hacer esta jugarreta y procedan a imputarle cargos y llevarlo a juicio, o si no el delfín y su padre se podrían salir con las suyas. Otra cosa pasaría si queda en manos de un juez. Esta tesis la ha venido insinuando la exesposa de Nicolás, Day Vásquez, en sus redes sociales con frases como: “Creen poder engañar a la justicia”.
Y la tapa de sus afrentas al país es que la próxima semana, más exactamente el 27, convoca a una gran marcha a punta de engaños. A los campesinos les va a pagar para que marchen en favor de la reforma agraria, que depende de él. A los ciudadanos del Caribe, para que marchen en contra de las altas tarifas de energía, que él podría bajar si tuviera voluntad política. A los habitantes del Cauca, para que protesten contra los actos criminales de las disidencias de las FARC, como si el orden público no le correspondiera a él en su calidad de jefe del Estado y comandante en jefe de las FF. MM. Esto refleja la disociación que Petro tiene con la realidad. Esta disociación quedó demostrada en su discurso en la ONU, en donde dijo que quiere “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”. ¿Qué carajos quiso decir el Nostradamus colombiano?
