No hay una sola semana en la que no haya un escándalo producido por este gobierno y sus más altos funcionarios. Realmente, y a pesar de las mentiras de Petro, lo cierto es que los colombianos estamos hastiados de informarnos a diario sobre un nuevo escándalo. Son tantos y tan graves que cada uno opaca al del día anterior. El gobierno del cambio, que pregonaba transparencia, equidad, igualdad de género, restablecimiento del orden público y eficiencia administrativa, entre otros, resultó siendo todo lo contrario. La izquierda, habiendo tenido una oportunidad histórica, dilapidó estruendosamente la posibilidad real de haber hecho los cambios que el país necesitaba.
No me alcanzaría esta columna para enumerar todos los escándalos con los que hemos tenido que convivir por estos tres largos años de gobierno. No existe la posibilidad de que un país solucione sus problemas cuando su presidente es un orate, desordenado, indisciplinado, egocéntrico, mitómano y paranoico. No de otra manera se explica que a la fecha haya habido 60 ministros en los diferentes despachos. Confieso que siempre pensé que el gobierno de Petro iba a ser un desastre, pero jamás imaginé que podría ser tan siniestro.
Por eso en las elecciones presidenciales de este año no nos podemos equivocar, y se los digo a todos aquellos que, habiendo votado por Petro, hoy están arrepentidos. En lo único que Petro ha sido “eficiente” es en el manejo de su cuenta en X. Tiene una capacidad de manipular y de mentir que todavía convence a algunos de sus resentidos seguidores.
Yo no sé ustedes, pero estoy enervado de tener que informar todos los días sobre los desaciertos y escándalos de este gobierno. Oigo a muchos colombianos utilizar constantemente la expresión “qué cansancio Petro”. Y coincido plenamente con ellos, pues él nunca tiene una expresión generosa para nadie. No da un solo mensaje de esperanza, aparte de aquellos en los que se cobra mentirosos logros que no obedecen a sus políticas. Qué cansancio la izquierda, a la que no podemos dejar llegar al gobierno nuevamente pues quedó demostrado, con creces, que llegaron a destruir y a robar a manos llenas.
No le hemos oído a Petro ni una sola vez asumir la responsabilidad de sus propios errores y la de sus altos funcionarios. Les echa la culpa a Duque, a Santos, a Uribe, a Alfonso López Pumarejo y a todo expresidente que se le pase por la cabeza. Qué cantidad de basura la que alcanza a hablar Petro.
Estamos a seis meses de verlo salir de la Casa de Nariño a buscar escondederos, porque a pesar de la reunión que tendrá con Trump el próximo 3 de febrero, el presidente de los Estados Unidos no lo va a soltar ya que en esa reunión Petro va a decir mentiras, tratando de engañarlo, como ha engañado al país. Y cuando le exijan bombardear, con ayuda norteamericana, a los narcoguerrilleros fortalecidos por este gobierno y él se niegue, le empezarán a medir su traje naranja, característico de todos los presos en Estados Unidos.