En una magnífica entrevista hecha por la directora de Semana, la vicepresidenta Francia Márquez mostró su verdadero talante. Ante la pregunta del uso de un helicóptero militar para ir a su lujosa casa en Dapa, contestó a la defensiva y dijo: “Soy la vicepresidenta de este país (...) me merezco que el Estado en su conjunto me cuide (...) De malas”. Necio sería cuestionar que el Estado debe proteger a Márquez, pero cuando vaya a zonas aisladas como su casa familiar en el Cauca. ¿Pero llegar a un barrio de ricos en helicóptero —como ella dice— es un despropósito.
Corriendo el riesgo de que me acusen de racista, que no lo soy, debo decir que a la vicepresidenta se le sale el resentimiento en cada palabra y en su retador mensaje corporal. Mueve la cabeza como si estuviera poseída y menea las piernas como si tuviera algún beriberi. El país, que sepa, no le debe nada a la señora vicepresidenta. Tiene un mérito, sí, haberse hecho designar como la llave presidencial de Petro. Pero de ahí a que indelicadamente abuse de su posición hay mucho trecho. Me dicen algunas fuentes que, fuera de eso, tiene un trato personal arrogante y maltratador. No me sorprende, pues ella cree que se merece todo por haber sido empleada del servicio, pobre y negra —como ella misma se describe—.
No voy a entrar en el debate de si Márquez puede o no usar los helicópteros militares para moverse. Asumo que sus antecesores hicieron lo mismo. Lo que molesta no es eso, faltaba más. Es el tonito retador en contra de sus críticos. Acude al expediente de decir que lo seguirá haciendo, “gústele a la élite colombiana o no”. De manera que quienes no son pobres y negros deben ser ofendidos por el solo hecho de no ser resentidos como doña Francia.
Se equivoca ella asumiendo esa actitud retadora, pues incluso ha generado rechazo entre sus votantes. En un país violento y polarizado no conviene para nada instigar la lucha de clases. Ni Márquez se merece todo por ser negra y de origen humilde, ni “las élites” se lo merecen por ser blancas y pudientes. Qué desafortunadas las respuestas de la vicepresidenta en la entrevista que venimos comentando. En vez de ser tan retadora y antipática, debería dedicarse a sacar adelante el Ministerio de la Igualdad, aun cuando está tambaleando. Convendría que el presidente Petro le llamara la atención a su vicepresidenta, pues sin duda a un Gobierno que se presentó como el del cambio no le conviene para nada esta clase de actitudes arrogantes y retadoras de la señora Márquez.
Notícula. Todavía no he logrado digerir la posición que asumió el presidente Petro frente a su cuestionado hijo Nicolás al haber tomado distancia sosteniendo que no lo crio porque vivía en la clandestinidad. Mentira, porque Nicolás nació en 1986 y Petro se reinsertó en 1990. Simplemente fue un pésimo padre y ahora trata de justificar que el joven es sinvergüenza porque nunca lo “vio leer”. O sea, ¿la culpa es de la mamá? Qué actitud tan machista y misógina. Por decir lo menos, es repugnante. El abandono como excusa.