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En una decisión histórica, la Corte Constitucional ha despenalizado el aborto si se realiza en las primeras 24 semanas. Lo primero que hay que decir es que las mujeres no abortan por placer. Es una decisión muy difícil y, tampoco, es un método de planificación. Cuando una mujer decide abortar lo hace porque, seguramente, está en una situación sin salida.
El tema de fondo tiene que ver con la salud de las mujeres en Colombia. Al año se hacen miles de abortos mal practicados. Eso, claro está, ocasiona muchas muertes. Las mujeres con recursos tienen cómo practicarse un aborto en condiciones aceptables, pero la gran mayoría no tienen cómo hacerse un aborto en condiciones que no pongan en riesgo su salud y su vida.
Siempre he sido proaborto, pero tengo mis dudas sobre permitir el aborto hasta la semana 24. No siendo experto, ni médico, pero leyendo sobre el tema, un feto de 24 meses, en mi criterio, ya es persona.
Asumo que la Corte estudió detenidamente el tema que no tiene dividido al país en dos sino en tres. Los proabortos, los antiaborto y, los que, como yo somos proaborto, pero que pensamos que 24 semanas es mucho tiempo.
No es un tema religioso, porque siempre he pensado que el Estado no puede seguir convirtiendo en delito lo que para la iglesia es pecado. Ahora bien, la sentencia de la Corte no es, como algunos pretenden hacer creer, que abortar es una obligación. Según el DANE, el embarazo en menores de edad está disparado. Y muchas de ellas porque han sido agredidas sexualmente, por sus padres o acudientes; es decir, personas dentro de su círculo cercano.
El aborto en el país se volvió otra causa de desigualdad social. Me explico, si las mujeres tienen recursos se practican abortos en condiciones de salubridad óptimas, pero si no tienen recursos lo hacen poniendo en riesgo su salud y su vida. Esa desigualdad, por supuesto, no es justa. Desde ahora las prestadoras de salud tendrán que practicar abortos con todas las condiciones necesarias para garantizar la salud de las mujeres.
Queda, sin embargo, la posibilidad de que los médicos ejerzan la objeción de conciencia a título personal. O sea, una institución de salud como persona jurídica no puede tomar la decisión de no practicar abortos, pero los médicos sí pueden hacerlo. Qué difícil este tema para una sociedad rezandera y pacata.
A pesar de mis dudas sobre las 24 semanas, sin lugar a dudas esta decisión, después de haberles dado a las mujeres el voto en 1957, es la más importante para igualar los derechos de las mujeres y los hombres.
Pasarán muchos años antes de que este país asimile esta decisión de la Corte Constitucional. Por lo pronto, el debate está abierto. Celebro que las mujeres que aborten puedan hacerlo sin incurrir en delito alguno o en malas condiciones de salud. Por último, me impresiona que los hombres opinan como si ellos fueran los que tienen que tomar una decisión que solo las mujeres pueden hacer sobre sus cuerpos.
