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Con todo lo que pasó esta semana en lo político, quedó demostrado que al presidente Petro le molesta mucho la democracia. Cambió a siete miembros de su gabinete para, como era de esperarse, hacer un gobierno de izquierda más radical. No aguantó el debate democrático que se le estaba dando a la pésima reforma a la salud en el Congreso.
Rompió los puentes con los expresidentes, con los partidos Liberal, Conservador y de la U. Informó desde Zarzal (Valle del Cauca) que piensa expropiar y llama a la conmoción civil en apoyo a su ya desastroso gobierno. Rompió, en un acto de soberbia, la coalición de gobierno. Como lo dijo el expresidente Santos, “está acorralado”.
El megalómano, mitómano y egocéntrico presidente no resiste la democracia. Le molesta profundamente y así lo ratificó esta semana. Eso no es nuevo, por supuesto, pero es la reafirmación de que acudirá a lo que sea con tal de sacar sus pésimas reformas adelante. Preocupa mucho que haya retirado del gabinete a José Antonio Ocampo, de Hacienda, y a Cecilia López, de Agricultura. Los nuevos ministros no se atreverán a cuestionar las barbaridades que propone y pretende instaurar el autócrata.
Hablemos de dos ministros. El nuevo ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, es de las entrañas del petrismo, un espadachín del presidente. Es una persona preparada. Con todo, en vez de dar tranquilidad, inquieta en algunos sectores de la economía, aun cuando entre otros economistas tiene fama de ser ortodoxo. Por su parte, el ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, es una persona competente y políticamente ágil, pero, ojo, es radical de izquierda. Sobre los demás miembros del gabinete tendremos oportunidad de opinar más adelante, si es que no salen pronto, como parece ser la impronta de Petro, pues cuando fue alcalde realizó 65 cambios en 19 secretarías, direcciones y empresas del distrito en cuatro años. Preocupa además que varios de los nuevos ministros acompañaron al presidente Petro durante su desastrosa gestión en la Alcaldía de Bogotá.
Así las cosas, con un gabinete petrista se vienen días duros para el país y el Gobierno, pues el presidente ya empezó a mostrar los dientes. Así lo sostuve en febrero pasado: “El talante del Gobierno es arrogante, dictatorial, improvisador y retador. Petro, como Luis XIV, está convencido de que él es el Estado. «El Estado soy yo», decía el monarca de marras. Da órdenes, adquiere compromisos que no cumple, genera expectativas... O sea, habla mucho y gobierna poco. La explicación es solo una: se «preparó» 30 años para ser candidato y ni un día para ser presidente”. Bien lo dijo el editorial de este diario el pasado jueves: “El presidente declaró un gobierno «en emergencia» y lo hizo respetando la institucionalidad y su derecho a cambiar el gabinete. Pero sus discursos, que se radicalizan a medida que pierde la paciencia, no son sanos para la salud de la democracia colombiana”.
Las amenazas que hizo el presidente esta semana prenden todas las alarmas de nuestra democracia, que tanto molesta a Petro.
