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El despiporre

Felipe Zuleta Lleras

06 de mayo de 2023 - 09:00 p. m.

El presidente Petro dijo hace una semana en el congreso de los fondos de pensiones que, durante la campaña, hizo mal los cálculos y ya no podrá darles a los viejos la suma que les había prometido. Qué excusa tan pendeja, pues él siempre supo que no tendría los recursos para hacerlo. Mintió sin ruborizarse. Bueno, eso no es raro, porque agarrar a Petro en una verdad es imposible. Mintió también cuando les prometió a los jóvenes deudores del Icetex que les condonaría las deudas. En cuáles se ha visto el joven director Mauricio Toro para explicarles a los muchachos que eso, por ahora, no es posible. Podríamos hacer una lista inmensa de falacias, pero prefiero enfocarme en ciertos aspectos de la personalidad de Petro.

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Hablando en estos días con algunos psiquiatras, les pregunté cómo percibían al presidente. Todos coincidieron en decirme que, aun sin haberlo diagnosticado en sus consultorios, no tenían la menor duda de que tiene serios trastornos de personalidad. Petro debería ser sometido a unos exámenes psiquiátricos, pues me temo que estamos gobernados por un enfermo mental. Él mismo, aun siendo senador, presentó una incapacidad de cuatro días, firmada precisamente por su médico psiquiatra. ¿Qué enfermedad tiene? ¿Desde hace cuánto? En ese momento no dio explicaciones, pero dijo: “No estoy medicado”. Ese podría ser el problema. Sobre el famoso síndrome de Hubris, el economista Isidre Martínez dice que se caracteriza por:

“—Un enfoque personal exagerado al comentar asuntos corrientes. Tiene un grandioso sentido de autoimportancia. Muestra conductas arrogantes o soberbias.

—Confianza exagerada en sí mismo, imprudencia e impulsividad. Cree que es especial y único.

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—Sentimiento de superioridad sobre los demás y prepotencia. Requiere una admiración excesiva.

—Inquietud, imprudencia, impulsividad.

—Desmedida preocupación por la imagen, lujos y excentricidades. Síndrome narcisista.

—El rival debe ser vencido a cualquier precio. A menudo es envidioso de otros o cree que otros le envidian.

—La pérdida del mando o de la popularidad termina en la desolación, la rabia y el rencor.

—Desprecio de los consejos por quienes les rodean. Carece de empatía. Es interpersonalmente explotador.

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—Alejamiento progresivo de la realidad.

—Creencia de que no debe rendir cuentas a sus iguales, colegas o a la sociedad, sino ante cortes más elevadas: la historia o Dios.

—Convencimiento de la rectitud de sus propuestas ignorando los costes”.

Agrega Martínez: “«Las presiones y la responsabilidad que conlleva el poder terminan afectando a la mente». Según el neurólogo David Owen, médico y político inglés, llega un momento en que quienes lideran dejan de escuchar, se vuelven imprudentes y toman decisiones por su cuenta, sin consultar, porque piensan que sus ideas son correctas. Por eso, aunque finalmente se demuestren erróneas, nunca reconocerán la equivocación y seguirán pensando en su buen hacer”.

¿Será que Petro tiene un inmenso despiporre en su desordenada cabeza?

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