Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
No me cabe la menor duda de que Gustavo Petro, quien se autodenomina como el jaguar, se asustó cuando vio a su amigo Nicolás Maduro capturado y encarcelado. Por eso le hizo la llamada al presidente Trump, lo que ha debido hacer hace mucho tiempo, pues a nadie en Colombia le conviene que el país no tenga unas relaciones tranquilas y serías con Estados Unidos.
Petro y Benedetti, entre otros, estaban muy preocupados frente a la advertencia de Trump que el próximo sería Petro. Por supuesto que, independientemente de las teorías que se tejen en torno a la conversación entre los dos presidentes, lo cierto es que a punta de amenazas el jaguar entendió que el tema con el presidente de Estados Unidos no era mamando gallo.
Celebro que, así haya sido a la fuerza, Petro haya entendido que ha cometido muchos errores en lo que tiene que ver, entre otros, con la política exterior. Entendió finalmente que Colombia no puede estar aislada de la comunidad internacional por cuenta de sus pataletas y su ego.
La lánguida manifestación del pasado miércoles en Bogotá, que era en contra del imperialismo y del presidente de Estados Unidos, acabó en un aplauso cerrado, cuando Petro les contó, a su manera acomodada, de su conversación con el águila. Incluso trató de insinuar que fue Trump quien lo llamó, cosa que quedó totalmente desvirtuada por el propio presidente Trump y por el embajador de Colombia en Washington.
Petro tiene que volver a restablecer la ayuda militar y de inteligencia que cortó de un tajo en un arranque de soberbia y nacionalismo estúpido. Como se dice popularmente, el jaguar se va a tener que comer muchos sapos si no quiere acabar en una cárcel de Estados Unidos una vez deje la Presidencia. Debería poner de canciller a Daniel García-Peña, el embajador en Washington, pues en manos de la señora Rosa Villavicencio no existe la menor posibilidad de que la relación con nadie distinto que con la marchanta que lo atiende a uno en la plaza del 7 de agosto, y que me perdonen las marchantas por tan odioso paralelo.
Al haber agarrado Trump la sartén por el mango, se le acabará a Petro y a su candidato Cepeda ese manido discurso nacionalista de los años 60 cuando la Guerra Fría.
Este episodio también sirvió para ver cómo sería la política internacional del candidato Cepeda frente a los países capitalistas. Porque si Petro es de izquierda, Cepeda es de la extrema izquierda. Fue criado en países comunistas y como tal es su pensamiento. No me cabe la menor duda de que llevaría a este país a situaciones parecidas o peores que las de Venezuela, Cuba y Nicaragua. ¡Admirador de Maduro!
No me quiero ni imaginar a alias Griselda Lobo, es decir, la senadora Sandra Ramírez manejando como canciller las relaciones internacionales de Colombia, eso si no es que se queda, si Cepeda es presidente, como directora del ICBF, pues ella conoce muy bien el tema de los niños, especialmente los que han sido reclutados por la guerrilla.
