4 Dec 2022 - 5:30 a. m.

El resentimiento en Twitter

El payasito caricaturista Matador dijo en días pasados que yo me había vuelto a meter al clóset, porque eliminé para siempre mi cuenta en Twitter. A pesar de tener casi 280.000 seguidores, que solo sirve para aumentar el ego, decidí que ya estoy muy viejo para creer que esta red social es útil. No sé qué tanto sabe el caricaturista de marras de salir o entrar al clóset. Me imagino que mucho.

La asquerosa y repugnante cantidad de veneno que se destila en esta red demuestra la pésima condición moral de miles o millones de personas. El resentimiento es el alimento de muchas almas podridas. Allá cada uno con lo que piensa. Me imagino que muchos se regodean con sus propios excrementos. Es claro que a mi edad no tengo la necesidad de leer esos insultos y amenazas. La homofobia es impresionante. Por supuesto que estos enfermos mentales que se meten con la sexualidad de los otros demuestran plenamente sus propios temores e inseguridades.

Los insultos racistas y xenofóbicos son no solo ilegales, sino inadmisibles. Olvidan las personas que se dedican a esto que al hacer estas afirmaciones relacionadas con discriminación están cometiendo el delito de hostigamiento. Antes de cerrar mi cuenta puse en conocimiento de la Fiscalía el nombre de muchos tuiteros, de quienes pedí que los investiguen y les imputen cargos. Solamente si hay condenas, estos delincuentes disfrazados entenderán que no pueden decir lo que se les venga en gana. El derecho a opinar es sagrado, pero eso no incluye autorización alguna para hostigar. En este país donde a diario vemos noticias que enferman, como los abusos sexuales y las violaciones a menores, entre otras informaciones, es necesario tomar medidas para preservar la salud mental. Y una de ellas es, precisamente, no tener redes sociales tóxicas como Twitter. Desde que decidí no tener esta red, que además quita muchas horas, he vuelto a tener más tiempo para otras actividades, esas sí placenteras, como leer y ver Netflix. La verdad se siente muy bien no tener que estar pendiente de lo que piensan los tuiteros.

Twitter tiene otras particularidades que la hacen una red repudiable. Y es que los tuiteros se emberracan cuando uno no dice lo que ellos quieren leer. También insultan cuando un periodista opina. Es decir, ellos sí pueden opinar, pero quienes nos dedicamos al oficio de periodistas, entonces, según ellos, no podemos opinar. ¿De dónde acá los comunicadores tenemos una capitis deminutio para exponer nuestras ideas?

En buena hora he decidido salirme de esa cloaca. Ahora bien, eso no me deja del todo blindado, pues estos enfermos mentales siempre encuentran la manera de insultar, empezando por los comentarios que en este diario se les hacen a las columnas, comentarios que, la verdad, dejé de leer hace muchos años.

Notícula. Mil gracias a los miles de lectores que este año pusieron mi libro Más allá de la familia presidencial en primer lugar por 20 semanas consecutivas.

Síguenos en Google Noticias

Temas recomendados

 

Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.