Definitivamente, este gobierno es un sainete. Empezando por el presidente, los altos funcionarios parecen actores de una pieza popular de teatro jocosa. El problema es que se están llevando al país por delante, pues no se puede gobernar entre mecatos y masajes.
El desorden del Gobierno en todos los temas deja ver claramente que, empezando por Petro, la gran mayoría de los ministros y altos empleados oficiales no tienen ni la menor idea de cómo funciona el Estado. Empezando porque Petro no se ha leído —sino por partecitas— la Constitución nacional. De haberlo hecho, seguramente no hubiera dicho que él es el jefe del fiscal porque es el jefe del Estado. Y, como este, ha habido otros descaches que ha plasmado en decretos que ha tumbado el Consejo de Estado.
No es serio que se pretenda hacer un buen gobierno con actores y comediantes que ni siquiera se estudiaron su papel. Entre esas cómicas actrices están Irene Vélez y Francia Márquez, por no mencionar al octogenario canciller Álvaro Leyva.
El desorden en todos los temas es el mismo que tiene Petro en su cabeza y quien padece, como dirían los abuelos, de diarrea mental. Esas encarretadas que se pega, oyéndose a sí mismo en sus discursos, como si se tratara de Napoleón o Demóstenes, muestra la falta de sindéresis del presidente, que es igualita a la de un loco en una esquina pronosticando el fin del mundo.
Otra de las características de este sainete es que el presidente se la pasa haciendo promesas populistas y al final del día no sale con nada. ¿Por qué? Porque es indisciplinado y díscolo. Eso asumiendo que lo que sostuvo Benedetti no sea mentira y es que consume cocaína. Que yo sepa, hasta ahora el embajador eterno no se ha desdicho de esa explosiva declaración. Por el contrario, lo premiaron dejándole más tiempo en el cargo, que por lo demás no ejercerá. No se equivoquen, Benedetti es el actor que hace el papel de malo en todo este sainete. Como se dice popularmente, “tiene cogido de las güevas al presidente”, que fue quien dio la orden de dejarlo un tiempo más en el cargo de embajador, pasando aun por encima del canciller. Solo falta que por cuenta de esa desautorizada acabe saliendo Leyva, quien en este momento tiene su dignidad, si es que algo le queda de eso, bajo la mirada de la opinión pública. El otrora prófugo de la justicia está contra las cuerdas.
Ya lo decía Isaac Asimov. “Si fuese posible crear un robot capaz de ser funcionario civil, creo que haríamos un gran bien, ya que las Leyes de la Robótica le impedirían dañar a un ser humano, lo incapacitarían para la tiranía, la corrupción, la estupidez, el prejuicio”.
Notícula: muy inapropiado el comunicado de la Embajada de Rusia con respecto al atentado en donde estaban Héctor Abad, Sergio Jaramillo y Catalina Gómez en Kramatorsk. “A nuestro juicio, la ciudad cercana al frente, convertida en un hub operacional y logístico-militar, no es un lugar apropiado para degustar platos de cocina ucraniana”.