Me había comprometido conmigo mismo a no escribir, al menos por un tiempo, de política. Pero realmente veo que todo lo que está pasando es un desastre para el futuro del país. Un dólar disparado, un presidente lenguaraz, unos ministros incompetentes, un Congreso arrodillado y Colombia a punto de reventarse.
Los que votaron por el señor Petro serán los primeros que empiecen a padecer las consecuencias de un mal gobierno. Su reforma tributaria regresiva hará que los productos de la canasta familiar suban de precio. No solo me refiero a lo que llaman “impuesto saludable” a las gaseosas, los embutidos, los alimentos ultraprocesados y, entre otros, los productos que tienen chocolate. Gravar los productos que vienen en plástico de un solo uso es gravar el arroz, la lenteja, el fríjol y el pollo, entre otros.
Este Gobierno no lleva ni 100 días y ya empieza a sentir el desgaste. No tengo memoria de que, en tan poco tiempo, haya tanta gente inconforme. Petro, experto en echar cortinas de humo, sale a justificar lo injustificable. Por ejemplo, lo que vimos esta semana. Una horda de indígenas atacando a los policías. Como es obvio, Petro salió a defenderlos y, de alguna manera, justificarlos. La anarquía está a la orden del día. Y Petro haciendo populismo.
Fuera de eso, les echa la culpa de todo a los demás: a los empresarios, a Estados Unidos, al petróleo, al carbón, a los “ricos”, a los banqueros... en fin.
Siempre he estado convencido de que el gobierno de Petro será desastroso para el país. Además, equivocadamente pronostiqué que en caso de ganar Petro el país se “iría para la mierda en cuatro años”. Lo que nunca calculé es que en menos de 100 días todo iba a salir mal.
Los discursos incendiarios en Caloto y Turbo muestran claramente qué está pensando Petro. Va a tratar de levantar al pueblo para que lo defienda. Eso, claro está, le podrá funcionar por un tiempo, pero, apenas los ciudadanos empiecen a sentir los rigores de un mal gobierno, seguramente van a salir a la calle a protestar.
Siempre sostuve que el gobierno de Petro iba a ser un desastre y, desafortunadamente, no me equivoqué. Es un gobierno que posa de democrático, pero no lo es. Es arrogante, pretencioso, mentiroso y desastroso. Cuando Petro fue, por lo demás, un pésimo alcalde, estimuló la lucha de clases, hablando mal de “los ricos” y en teoría defendiendo a “los pobres”. A él le encanta polarizar y dividir a la sociedad. Lo que pasa es que, al final del día, “los ricos” sacan su plata y se van del país, en tanto “los pobres” serán los que paguen por las improvisaciones y decisiones equivocadas.
En campaña Petro hablaba de un gran pacto nacional y, a menos de 100 días de haber llegado al gobierno, lo único claro es que ese tal pacto no era cierto. Las posiciones de los funcionarios son arrogantes y, en no pocos casos, torpes.
A esta altura del paseo ya ni los anuncios del ministro de Hacienda generan tranquilidad a los mercados.