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La estupidez humana

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Felipe Zuleta Lleras
30 de octubre de 2022 - 05:30 a. m.
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En la vida hay muchos momentos en los que tenemos que aguantarnos las necias palabras de algunas personas, sean familiares o amigos cercanos. La cantidad de estupideces que uno alcanza a oír en el corto paso por este mundo es una clara muestra de la cantidad de estúpidos que aparecen durante nuestra existencia. Desde hace años me he dedicado a analizar la conducta humana, sin ser un experto en el tema, obviamente. Y cuanto más observo más me convenzo de que la estupidez suele primar sobre la inteligencia.

El psicólogo Balázs Aczél define la estupidez así: “1. Ignorancia, confianza. Este grado es el más alto de estupidez y aparece en aquellas personas que asumen situaciones de riesgo (de cualquier tipo) a pesar de que carecen de las habilidades o los conocimientos necesarios para resolverlas. Curiosamente, son conscientes de las consecuencias que se pueden suceder.

2. Falta de control. Es el grado medio de estupidez. Se corresponde con aquellos sujetos que tienen un comportamiento obsesivo compulsivo y carecen de autocontrol.

3. Distracción. El grado más leve de estupidez. Aparece en aquellas personas que no solventan una tarea práctica debido a una distracción o porque carecen de las destrezas necesarias para llevarla a cabo”.

En la vida y en diferentes momentos he tenido que padecer a alguien con alguno de los tres grados de estupidez. Me temo que es una conducta recurrente, pues quien alguna vez ha hecho o dicho una estupidez lo hace reiteradamente.

Bien decía Einstein que “todo el mundo tiene que sacrificarse de vez en cuando en el altar de la estupidez”. No hay nada más dispendioso y aburrido que tener que disuadir a un estúpido de que haga o no haga algo, porque, como alguien decía, “nada más difícil que convencer a un estúpido que siempre cree tener la razón”.

En estas épocas de redes sociales sí que se ve la estupidez en su máxima expresión, pues nunca antes en la historia se podían reunir tantos estúpidos en un solo sitio.

Cuando la vida se limita a enterarse de lo que nos rodea por 280 caracteres y a opinar con esa limitación, ¿qué más se puede esperar? Me alarma que las llamadas nuevas generaciones, sin generalizar, han limitado su conocimiento a lo que aparece en las redes. Pocos leen, insultan por todo y, en la inmodestia y estupidez que caracteriza a algunos, solo encuentran en la ofensa la manera de expresarse sobre algo o alguien. La estupidez no distingue entre menores o adultos, ricos o pobres, negros o blancos, y así. Como una enfermedad infecciosa, la estupidez, igual que la brutalidad, se pega.

Así las cosas, lo recomendable es estar lejos de los estúpidos porque como decía Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y no estoy muy seguro de la primera”.

Notícula. Se avecina una nueva ola del COVID-19 y aumentan a diario los casos de viruela del mono. Y nosotros en manos de la ministra Carolina Corcho. Que Dios nos proteja, porque para inepta, ella. ¡Qué susto!

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