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La mezquindad de un hombre despechado

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Felipe Zuleta Lleras
23 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
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Tres grandes tragedias se han sufrido Colombia en los últimos 10 años. La primera fue la pandemia del COVID-19, magistralmente manejada por el presidente Iván Duque. Con seriedad, método y disciplina demostró cómo liderar una crisis de esas proporciones. De la mano de su equipo y del entonces ministro de Salud, Fernando Ruiz, en tiempo récord fuimos vacunados. El manejo económico fue elogiado por organismos internacionales y Colombia salió adelante relativamente bien librada.

No me cabe duda —y hablaremos de la segunda tragedia— que, si el presidente hubiese sido Gustavo Petro, le habría metido toda la ideología, el resentimiento social, la ineptitud y la corrupción, acabando con el país. Esa tragedia de cuatro años de gobierno Petro tendrá que ser estudiada con juicio para medir las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de ese desgobierno destructor y desquiciado. En muchas oportunidades me he referido a Petro con todas las descalificaciones posibles, pero ahora viéndolo como expresidente, dando fórmulas milagrosas para enfrentar la tercera tragedia, el terremoto, confirmo una vez más que este mal ciudadano, mal marido, mal padre, mal gobernante y amante es un psicótico y un enfermo mental intratable.

La cantidad de mentiras que junto a Iván Cepeda les escuchamos como réplica al discurso del presidente Abelardo de la Espriella me confirmó que Petro tiene una desconexión total con la realidad, el mundo que lo rodea y su propia personalidad. Si ese terremoto que destruyó más de 490 municipios nos hubiera tocado con este mitómano, jamás hubiéramos visto tomar las decisiones técnicas, factibles y responsables, como lo ha hecho el presidente De la Espriella. No recuerdo tanta solidaridad de los colombianos con las víctimas de esta tragedia, que el único incapaz de mencionar es el imbécil de Petro, que ofrece fórmulas mágicas más difíciles de aplicar que las que debió hacer frente al invierno en Córdoba, donde no habló de la tragedia, sino de sus experiencias alcohólicas con el ron y su paso fracasado por la guerrilla.

Los grupos económicos más ricos de Colombia en día y medio recogieron 1,2 billones de pesos, empezando por los Santo Domingo, Gilinski, Luis Carlos Sarmiento, David Vélez y otros empresarios. Pero al orate se le ocurrió decir que eran limosnas. Cómo no, si 1,2 billones comparados con los cuatro o cinco billones que se robaron en su gobierno son una chichigua. Ahora resultará que los empresarios saldrán a deberle a Petro y sus secuaces.

Jamás habría recibido tanta solidaridad si esos recursos los hubieran manejado Olmedo López, Carlos Ramón González —hoy prófugo—, las ratas de la Gestión del Riesgo, Laurita Sarabia o el pastor Saade, que convirtió la embajada en Brasil en un prostíbulo. Igual pasó con la Casa de Nariño, donde Petro metía a las mujeres de su harén como Pedro por su casa.

Empieza lo difícil en la reconstrucción y los colombianos estamos obligados a hacer todos nuestros mejores esfuerzos.

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