Pasó la primera vuelta presidencial y, sin lugar a duda, el ingeniero Rodolfo Hernández fue, como se dice popularmente, el palo. Los resultados muestran un rechazo mayoritario a la clase política colombiana. Los ciudadanos dijeron a través de sus votos que no quieren saber nada del establecimiento. El país se cansó de quienes han dirigido a Colombia en las últimas décadas. Y no es para menos, pues todos estamos mamados de, entre otras, la robadera y la indolencia.
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El cambio, ciertamente, no es con Roy Barreras, Armando Benedetti, Julián Bedoya y Zulema Jattin, entre otros. Son los mismos con las mismas. Petro, quien dice que es el cambio, se rodeó de escoria. Está tan desesperado que está aceptando hasta el apoyo de las ratas de alcantarilla.
No tengo claro para dónde cogería el país con el ingeniero Hernández, pero sí tengo claro que con Petro el país se va para el carajo. Al menos el ingeniero no se va a meter con el sector petrolero, minero, del carbón, el sistema financiero y los empresarios, entre otros.
Los colombianos han hablado de manera contundente y la obligación de los líderes es escucharlos. Si la mal llamada clase dirigente sigue en la indolencia que la ha caracterizado en los últimos 60 años, el país se vuelve inviable.
Noto en el candidato Petro y su fórmula un resentimiento, como si todos los colombianos saliéramos a deberles. Faltaba más que a millones de ciudadanos nos pasen una cuenta de cobro por una deuda que no hemos contraído.
Un papel fundamental están jugando las fórmulas vicepresidenciales Marelen Castillo y Francia Márquez. Cada una tiene su posición frente a los temas del país. Precisamente esta semana las entrevistamos en Blu Radio. Ambas coherentes con sus creencias. Sin embargo, la señora Márquez siempre habla desde su papel de víctima. Está, por supuesto, en su derecho de asumir esa posición. La doctora Castillo, por el contrario, se siente más fresca, mejor dicho, menos resentida.
Estas elecciones están caracterizadas fundamentalmente por los odios y las rencillas personales. Los colombianos, no todos, vamos a votar en contra de Petro o de Hernández. Las dos posiciones de los candidatos frente a los problemas del país son diametralmente opuestas. Por eso es que por primera vez en muchos años los votantes tenemos dos candidatos tan diferentes. Uno de extrema izquierda y el otro de extrema derecha. Recuerdo que hace muchos meses Alfonso Gómez Méndez me habló de estos dos candidatos en la contienda, pronóstico al cual, confieso, no le di mucha credibilidad, pues solo pensar en ese escenario me parecía una locura. Pues en eso estamos.
Tal vez en décadas no estábamos abocados a esta situación. Y, claro está, de nuestro voto depende el futuro inmediato del país. En lo personal, ambas opciones me parecen muy arriesgadas y creo que los colombianos no nos merecíamos llegar a una situación como esta. Culpa de los políticos corruptos. Qué susto.