Tuve el privilegio de conocer a Carlos Holmes Trujillo, quien lamentablemente fue otra víctima del COVID-19. Critiqué en algunas oportunidades sus actuaciones como ministro de Defensa. Sin embargo, sentí mucho su partida.
Era sin duda un personaje excepcional en la vida política colombiana. Su vocación de servicio público era auténtica. En las muchas oportunidades que conversamos siempre hablaba pausadamente pensando realmente en el país. Jamás lo escuché referirse mal de nadie. Era un hombre conciliador y decente. Un político excepcional y un amigo incondicional.
Como miembro de familia siempre estuvo pendiente de sus hijos y adoraba a sus nietos. No importaba qué tan ocupado estaba, siempre sacaba tiempo para estar con sus seres queridos.
Cuando lo citaron para una moción de censura, el ministro dio una clase de derecho constitucional como no le había oído a nadie desde que pasé por las aulas universitarias en el Externado con mi maestro asesinado en el Palacio de Justicia, el profesor Manuel Gaona Cruz. La vocación de servicio público de Trujillo seguramente lo hubiera llevado a la Presidencia. Y no me cabe la menor duda de que lo hubiera hecho muy bien.
Vimos al presidente Duque muy afectado con la muerte del ministro. Era su amigo y consejero hace muchos años. En sus sentidas palabras durante el sepelio cometió un error, pues dijo “yo lo querí”, en vez de “yo lo quise”. Ese traspié, que le puede pasar a cualquiera, fue motivo para que se burlaran del mandatario en las redes. Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos equivocado al hablar o escribir. Pero, claro, los malquerientes del presidente se la cobraron con saña y mala leche.
He perdido varios amigos en esta pandemia y por eso entiendo lo que está sintiendo el presidente Duque. Burlarse del dolor ajeno solo denota el grado de degradación de quienes lo hacen. Si hubieran perdido un ser querido seguramente no asumirían tan reprochable conducta.
Duque a diario está exponiendo su vida. El COVID-19 ha estado bastante cerca de él: su esposa, la vicepresidenta, varios ministros, cuatro consejeros de Presidencia, entre otros. A pesar de eso, no ha parado de trabajar. Pero eso no lo ven los indolentes que trinan en su contra.
Peor aún, resulta que muchos de los que más lo critican porque no han llegado las vacunas son los que menos se han cuidado. Irresponsables y cínicos. Al presidente, a Alba Lucía y María Inés, a los hijos del ministro, les mando un abrazo afectuoso y solidario. Descanse en paz Trujillo y, como dijo su hijo, gócese su nueva vida en donde quiera que se encuentre.
Notícula. Conocí hace muchos años a Marcela Monroy T., quien también falleció esta semana por cuenta del COVID-19. Estando casada con mi gran amigo Roberto Posada pasábamos muchas horas juntos. A Fernando, su esposo, a sus hijos Carmen y Vicente, y a la comunidad de la Universidad del Rosario, un gran abrazo solidario.