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Las mujeres de Petro

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Felipe Zuleta Lleras
10 de mayo de 2026 - 05:05 a. m.
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Hay cuatro mujeres en torno de las cuales han girado algunos de los escándalos del gobierno moribundo de Petro. Empecemos por la ex primera dama Verónica Alcocer, que en los inicios del gobierno gozaba de su posición, como marrano, con lazo nuevo. Se le veía por todas partes, no haciendo obras sociales como todas las demás primeras damas, sino bailando en los carnavales a lo largo y ancho del país, no propiamente con elegancia y pundonor. Por eso se ganó el remoquete de “la brincona”, y a quien le hacían pleitesía los áulicos del poder. Se le menciona en escándalos, no pocos de ellos relacionados con actos de corrupción. Lleva tres años y medio viviendo como una reina paseándose por los salones de las personas ricas en Europa, acompañada siempre de oscuros personajes. La señora Alcocer es la muestra fidedigna de lo que no debe ser una primera dama. Por sus sospechosas andanzas hoy en día se encuentra incluida en la “lista Clinton”, lo cual la obligó a vivir en Colombia, todavía gozando de las mieles del poder, y protegida por un séquito de escoltas, que le permiten trasladarse de un lugar a otro como si fuera una reina. Alcocer ha demostrado ser una mujer indigna, permisiva y cómplice de su exesposo Gustavo Petro, que la ha irrespetado mostrándose con una amante furtiva por las calles de Panamá. Y ella impávida pretendiendo que nada pasa.

La otra mujer cercana a Petro es “Santa” Laura Sarabia, hoy fungiendo como embajadora de Colombia en Londres, y a quien Petro llamó “hormiguita codiciosa”. Está vinculada a muchos escándalos de corrupción, al manejo de dinero en efectivo en maletas, a la violación de los derechos de su niñera al ordenarle un polígrafo ilegal, y es la que mantiene muchos de los secretos sobre la vida privada de un presidente, con todos los defectos y muy pocas cualidades. La señora Sarabia tendrá que explicarles muchas cosas al país y a la justicia. Aun cuando me dicen que se ha protegido acercándose a las autoridades de los Estados Unidos.

Hablemos de Angie Rodríguez, una mujer de origen muy humilde que se ha atrevido tímidamente a contar las andanzas del presidente Petro, no sólo en sus temas amorosos, sino en sus malsanas adicciones. Sin embargo, sigue en su puesto, porque Petro hizo con ella lo mismo que ha hecho con todos los funcionarios que le conocen las verdades incómodas: permitirles absolutamente todo.

Por último, hablemos de Juliana Guerrero, que tiene un poder enorme y que está siendo investigada por, entre otros delitos, haber falsificado sus títulos universitarios. A pesar de que Petro niega cualquier relación sentimental con ella, no hay nada oculto entre el cielo y la tierra. Por eso será el poder enorme que tiene, tal como lo han denunciado otros funcionarios del gobierno, y quien goza de toda la protección del jefe del Estado, incluyendo un esquema de seguridad enorme, sin tener derecho para ello.

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Jorge Pena(0syiw)10 de junio de 2026 - 03:05 p. m.
Que bajeza la de este filipichin pequeño burgués. Y que falta de oficio ponerse a criticar a otras mujeres .
NAVY(47439)13 de mayo de 2026 - 04:31 p. m.
La indignidad, la mediocridad, la charlabacaneria, la matematica cuantica, etc llegaron a la casa de nariño desde el 2022 con el maximo representante del "pueblo"; el cambio ha sido notorio
Gabriel Aguirre(91153)11 de mayo de 2026 - 06:09 p. m.
Que pobreza de columna... Claramente este nacido hombre pero convertido no tiene nada serio que decir... Que verguenza EE con este suedo columnista escribiendo cada Domingo.
Pipo Solarte(exbqo)11 de mayo de 2026 - 10:45 a. m.
Es como si alguien escudriñara las andanzas amorosas y eróticas del columnista, desde que se arrepintió de ser "varón", dejó o lo dejaron del matrimonio y como "volador sin palo" salió a recuperar el tiempo perdido de cuando era gay metido en el closet.
Alfredo Manrique Reyes(08585)11 de mayo de 2026 - 04:02 a. m.
En tiempos de desigualdad, guerras, crisis climática y deterioro democrático, resulta intelectualmente precario que un "periodista" reduzca el debate público a la vida sentimental del gobernante. El periodismo pierde dignidad cuando abandona el poder económico, la corrupción y las disputas geopolíticas para refugiarse en el chisme cortesano. No es fiscalización republicana: es banalización del oficio y empobrecimiento deliberado de la conversación pública. Das pena, Sr. Zuleta!
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