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Propuso hace un par de días el presidente Petro una ley de reconciliación en donde, dijo, quepan los narcotraficantes. Otra de sus calenturientas ideas, pues mientras les tiende la mano a los criminales de todos los pelambres, pelea con los empresarios porque aplaudieron al fiscal, con los medios de comunicación que denuncian, con las EPS, con el sector minero, con las altas cortes, con la procuradora, con el fiscal y hasta con el presidente Bukele de El Salvador.
Anda muy furioso con quienes de alguna manera lo fiscalizan. De sus 83 ausencias desde que se posesionó, solo justificó la inasistencia al congreso de la ANDI, argumentando que no se dejaba hacer encerronas. Eso ya no se lo cree nadie, pues es claro que hay un problema que no es solo el desorden de su agenda. Petro y sus alfiles le están mintiendo al país sobre las causas reales de sus incumplimientos.
Aparte de eso, comete a diario toda clase de contradicciones. Llama a un gran pacto nacional, pero al siguiente día rompe la coalición de gobierno. Propone la reconciliación, pero, como ya dije, pelea con todo el mundo al mismo tiempo. Habla de los beneficios que les quiere dar a los delincuentes, pero ni siquiera su ministro de Justicia está enterado de cuáles y para quiénes. Cómo será de loco todo lo que dice que, especialmente en las dos últimas semanas, sus propios funcionarios han tenido que rectificarlo. Dice que se va a renegociar el TLC con Estados Unidos y el ministro de Comercio explica que no, que es solo una revisión. Sostiene que no habrá más exploración de pozos petroleros y el presidente de Ecopetrol aclara que, por el contrario, van a acelerar la marcha para aumentar las exploraciones. Afirma que habrá un nuevo impuesto para la educación y el ministro de Hacienda dice que no es cierto (entre otras cosas, porque de acuerdo con la Constitución no puede haber impuestos con destinación específica). Declara que no obstaculizará las investigaciones que la Fiscalía tiene contra su hijo negado, pero lo visita a pocas horas de que Nicolás Petro asista a la Fiscalía a entregar las pruebas de la entrada de dineros ilícitos a la campaña de su padre. Está probado el atentado que el ELN quiere hacer contra el fiscal general, pero Petro dice que no es cierto, dándoles más crédito a sus amigos del ELN que a los propios organismos de inteligencia. Trae al paramilitar Macaco a una inusual diligencia en la Cancillería para constituirse como víctima y nombra a Mancuso como gestor de paz. Promete el tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla, pero en su gobierno no se ha hecho un solo kilómetro nuevo de carreteras.
Razón tienen los que piden que al presidente se le hagan exámenes médicos y psiquiátricos, cosa que por supuesto no va a pasar, aunque sin ser psiquiatra saltan a la vista sus enfermedades. Así pues, no habrá ley de reconciliación ni el Gobierno hará todo lo que el presidente dice. Pero de que está loco lo está. Y que me perdonen los locos.
