Conozco al expresidente Andrés Pastrana hace, fácilmente, 50 años. Sus padres, el expresidente Misael Pastrana y su esposa, María Cristina Arango, y mis abuelos Lleras Puga eran muy buenos amigos de los Pastrana. De pequeño me llevaban a la hacienda Hatogrande, en donde jugábamos con los entonces niños Pastrana. Juan Carlos, Andrés, Jaime y Titina.
Coincidimos en el colegio con Jaime. Inicié mi ya larga carrera de periodista de la mano de Juan Carlos quien me pidió, generosamente, que le escribiera una columna semanal en el diario La Prensa. De eso, calculo yo, han pasado casi 30 años.
Mi abuelo Alberto Lleras y Misael Pastrana eran verdaderos amigos. De hecho, Pastrana llegó a la Presidencia gracias a Lleras y a los votos del Partido Liberal (1970-1974) durante el Frente Nacional.
Andrés siempre estuvo metido en la política. Eso se sabía desde que era un adolecente del colegio San Carlos. Organizaba marchas, acompañaba a su padre a los actos oficiales y, como decía mi abuela, era un niño metido a grande.
Asistía, por ejemplo, a las conversaciones que Lleras y Pastrana tenían de manera consuetudinaria, casi que dos veces a la semana. Los niños Pastrana veían a mi abuela como la de ellos y viceversa. Ella siempre vio a los Pastrana como sus nietos.
Cuando Andrés fue víctima del secuestro por parte de Pablo Escobar, mi abuela hablaba con María Cristina a diario. Los acompañaba y, de verdad, recuerdo claramente, creía que el secuestrado era uno de sus nietos.
Cuando Andrés se lanzó a la Alcaldía fue a visitar a mi abuelo Alberto Lleras, quien le tomó el pelo, como lo hacía con sus nietos. Recuerdo que mi abuela lo regañó y le dijo: Alberto no molestes al niño.
Traigo todo este cuento a colación, para decirle a usted que conozco bien a los Pastrana. Por eso me sorprende profundamente que hoy, no Andrés sino el expresidente, esté tan radicalizado en contra del proceso de paz que, hay que decirlo, se debe en parte a que fue él quien desenmascaró a las Farc durante el proceso del Caguán. Gracias a Pastrana Colombia pudo conseguir pleno apoyo del gobierno de los Estados Unidos a través del Plan Colombia. Ese fue el principio del fin de unas Farc que llegaron a La Habana a negociar, porque no fueron capaces de tomarse el poder por las armas. A Pastrana se le debe eso y él parece no darse cuenta.
Pero todo esto parece no importarle al expresidente, quien frente al proceso ha antepuesto su odio hacia el presidente Santos a los intereses del país.
El expresidente Pastrana sabe que las posibilidades del No son remotas. Sin embargo, ha preferido aliarse con el expresidente Uribe, de quien ha estado distanciado por años y de manera agria. Ciertamente no parece que esté pensando en el país que le dio el honor de escogerlo como su presidente.
Por eso me atrevo a decir que hoy el expresidente Pastrana está actuando más como el niño Andresito que como expresidente que es. Deje los berrinches, Andrés o paw paw.