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Lo dijimos en la columna de hace una semana. Esta campaña está llena de sectarismo y acusaciones. Eso no es lo que los colombianos necesitamos. Las amenazas contra Petro, los insultos y las acusaciones de Benedetti contra Fico, la pelea de Íngrid con los otros candidatos, entre otros, hacen que de alguna manera los votantes sintamos desasosiego.
Realmente esto no es lo que el país necesita. Queremos más propuestas y menos algarabías. En medio de todo esto, no sorprende que desde el 2010 hasta hoy el candidato Petro, durante los meses de mayo, haya denunciado posibles atentados contra su vida. Pueden ser ciertas las denuncias, pero sí resulta una coincidencia que cuando se estanca en las encuestas, como lo está ahora, diga que lo quieren matar. Ojo, no estoy justificando su asesinato, pues eso sería gravísimo para Colombia y para nuestra democracia. En un país donde contratar un sicario vale poco, pues no sería extraño que de verdad esté en la mira de la delincuencia.
Ahora bien, uno recibe lo que cosecha, y es que Petro ha sembrado odio desde sus inicios en la política. Cuando fue alcalde se dedicó a polarizar a los bogotanos hablando contra los que él llama ricos, dividiendo a la sociedad entre oligarcas y pobres. Petro y sus seguidores destilan odio y alimentan con veneno a sus seguidores en la cloaca (entiéndase Twitter). Para la muestra, el narconovelista Bolívar publicando una manifestación con Fico en un ataúd.
Esa es una forma de violencia inadmisible y reprochable. ¿Qué pasaría si los antipetristas hicieran los mismo, pero con Petro? Estarían hasta en la CIDH.
Bolívar y Benedetti solo usan sus cuentas de Twitter para envenenar al país. Lo que no dicen es que Petro ha sido candidato desde el 2010, es decir, más de lo mismo. El cambio no puede ser con personajes como Julián Bedoya y otros cuestionados como Roy Barreras.
Esta semana, por ejemplo, el abogado Miguel Ángel del Río reconoció en una entrevista con Vicky Dávila que sí habían infiltrado las otras campañas. Guerra sucia, claro está. Tampoco quedó debidamente explicada la visita del hermano de Petro, Juan Fernando, a los corruptos en la cárcel para ofrecerles “perdón social”. ¿A cambio de votos? Y, claro está, trataron de bajarle la espuma a ese escándalo victimizándose.
Como decía en la columna hace una semana: no todo vale. Eso sí que resulta importante a estas alturas de la campaña. No vale que Benedetti cada vez que trina se refiera a Fico como narcotraficante. Benedetti ha sido víctima de calumnias, muchas de ellas lo tienen enredado ante la justicia, por lo que no debería calumniar a Fico.
Conviene recordarles a los petristas que con la vara que midas serás medido. Si siguen en esa guerra sucia y los atacan, pues que no se quejen, ya que se lo tienen bien merecido.
Notícula. Siendo respetuoso de las decisiones de los jueces, quedé sorprendido con la sentencia de la Corte Constitucional que prohíbe la pesca deportiva mientras permite el aborto hasta las 24 semanas. Mal.
