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Esta última semana hemos visto la verdadera personalidad de Petro. Desencajado, publicando fotografías como modelo de revista barata, pero realmente con pinta de matachín. Sigue en sus delirios de no aceptar el triunfo del presidente Abelardo de la Espriella, quien derrotó al heredero Cepeda a pesar de que aplicaron el plan pistola, como trascendió en los últimos días en un informe de NTN24 Noticias. Petro sale del poder con el odio de los colombianos, quienes sintieron en carne propia las consecuencias de un mal gobierno. Sin duda, el peor en la historia republicana del país. En el soliloquio de esta semana se dolió porque los “millones” de colombianos a los que, según él, ayudó no votaron por el continuismo de su desastrosa gestión.
En el último consejo de ministros, si es que se le puede llamar así, no dijo sino sandeces, resentido porque Cepeda no ganó las elecciones, e informó que no le dará la mano el 7 de agosto a De la Espriella. Por supuesto que no dijo que no lo habían invitado y que para el presidente electo es una muy buena noticia no tenerle que ver la cara del que él con razón ha llamado “el jefe de la banda”.
Mi tesis es que Petro se va a volar antes del 7 de agosto en el avión presidencial porque, después de esa fecha, estando en la lista Clinton, no podrá moverse a ningún lado. Entiendo que la Constitución dice que el presidente saliente tiene que informar al Congreso cualquier viaje durante el año siguiente a dejar el poder, pero eso a Petro no le importa porque no respeta ni la Carta Magna ni las leyes, tal como lo ha demostrado.
Como lo dijera un editorial del diario El Colombiano: “La tragedia para Gustavo Petro es que quiso ser el coronel Aureliano Buendía, el guerrero mítico, el hombre que perdió treinta y dos guerras, el que enfrentó al establecimiento. Pero, faltando dos meses para salir del cargo, terminó pareciéndose a otro personaje de Cien años de soledad, a José Arcadio Buendía en su ocaso de los últimos días.
José Arcadio, que alguna vez fue brillante, terminó atado al castaño del patio de su propia casa. Lo amarraron porque se volvió imposible de manejar dentro de la casa. Rompía cosas. Desafiaba la realidad física. Nadie podía razonar con él. Hablaba en latín con un hombre muerto. Vivía en un mismo lunes que se repetía sin fin.
Úrsula Iguarán, que lo amaba y que es quizás el personaje más poderoso de la novela de García Márquez, fue la que tomó la decisión de amarrarlo.
Mientras los Buendía se pierden en guerras, delirios, pasiones y locuras, Úrsula permanece. Es práctica, concreta, terrenal. No entiende la magia, pero la administra. No comprende la política, pero sobrevive a todas sus consecuencias. Cuando José Arcadio enloquece, ella lo amarra. Cuando la casa se cae, ella la reconstruye. Cuando los hijos se destruyen entre sí, ella recoge los pedazos”.
Petro dilapidó una oportunidad histórica por ser como José Arcadio, pero sin una Úrsula que lo amarrara a un castaño.
