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Nada que celebrar

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Felipe Zuleta Lleras
24 de octubre de 2015 - 04:01 a. m.
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Al conocerse esta noche el resultado de las elecciones regionales, oiremos, como todos los años, la frase famosa de que esta fue una fiesta de la democracia. Y, por supuesto, los directores de los partidos saldrán a cobrarse sus respectivos triunfos dependiendo del número de ciudadanos que haya sido elegido de sus listas.

Por supuesto, que ni es la fiesta de la democracia ni hay nada que celebrar. Estas elecciones de hoy serán, en toda la historia de la República, las más asquerosas de las que se tenga algún registro. No ganó la democracia, ni se fortalecieron las instituciones. Esto por cuanto, como nunca antes, se había movido más dinero procedente de toda clase de actividades ilícitas. Una gran mayoría de las campañas se financiaron con recursos provenientes del chance, de la minería ilegal, del narcotráfico, de la corrupción contractual del Estado, de las bacrim, del contrabando y de los funcionarios haciendo política con los recursos de todos los colombianos.

Voy a decir una cosa que no les gustará a los gamonales. Uno de los peores errores que pudo haber cometido el constituyente de 1991 fue haber consagrado la norma que permite la elección de alcaldes y gobernadores. Norma esta que ya no tiene ninguna reversa.

La elección popular de estos funcionarios acabó por destruir la moral de la política, pues queda claro que cada Gobernación y cada Alcaldía se volvió un fortín para los piratas. No de otra manera se puede uno explicar que la elección de un gobernador pueda estar cerca de los $30 mil millones y la de un alcalde de un municipio con menos de 50 mil habitantes alcance la suma de $3 mil millones. Los políticos saben que financian a sus candidatos para después robarse absolutamente hasta el último centavo. Ellos no gastan, “invierten”.

Peor aún ver a los directores de los partidos avalando pícaros. Vimos al senador Álvaro Uribe con sinvergüenzas, a Rodrigo Lara con pícaros, y al propio senador Serpa avalando personas de reconocida y dudosa reputación. Como idiotas útiles, los jefes de las mal llamadas colectividades se la jugaron para las elecciones de hoy vendiéndole su alma al demonio.

Qué vergüenza y qué tristeza a la vez. Muchas de las regiones del país acabarán en manos de los bribones. Como colombiano no puedo menos que sentir náuseas por todo lo que presenciamos a diario. No sirvieron las advertencias del ministro del Interior, ni las capturas de la Fiscalía, ni las precipitadas, pero necesarias medidas del Consejo Nacional Electoral para frenar la trashumancia.

Remota resulta la posibilidad de vivir hacia adelante en un país próspero, equitativo, desarrollado. Y no es por pesimista sino por realista. Colombia acabó convertida, por cuenta de la política, en una gran cloaca infestada de ladrones. Dura realidad, por lo que, honestamente, no hay nada para celebrar.

Notícula: Ojalá al votar hoy en Bogotá recordemos que ha llegado la hora de castigar los pésimos gobiernos de la izquierda. ¡No más!

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