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Nuevamente, y por enésima vez, Gustavo Petro está echando un manto de sospecha sobre las elecciones que se avecinan. Así lo ha venido expresando desde el principio de su funesto mandato, sembrando dudas sobre la competencia de la Registraduría. No me cabe la menor duda que el Pacto Histórico y el Petrismo cuestionarán los resultados de las elecciones si no les son favorables o no llenan sus ambiciosas expectativas.
Petro, en vez de preocuparse por la Registraduría que durante décadas ha demostrado ser eficiente y respetuosa de los resultados electorales, debería estar mejor viendo cómo controla el orden público en más de 200 municipios del país que están tomados por sus fortalecidos grupos narcoterroristas. Pero claro, como él es un experto en no asumir responsabilidades, sobre este tema no se pronuncia. El peligro para la democracia no es la Registraduría, sino el constreñimiento ilegal a los votantes y, por supuesto, la compra de sufragios.
El registrador Penagos, del cual tengo buena impresión, esta semana se le plantó a Petro y le dijo “nadie nos dice cómo manejar las elecciones”. Y en eso tiene toda la razón y hay que apoyarlo. Tal vez el único antecedente que tenemos de ejercer nuestro derecho al voto en una situación de orden público tan delicada fue en el año 2002, cuando Álvaro Uribe ganó las elecciones. Recordemos que inclusive el día de su posesión las FARC dispararon un artefacto explosivo en contra de la Casa de Nariño.
Mi impresión es que por más que Petro pretenda sabotear las elecciones, los colombianos, aún en zonas de delicado orden público, vamos a salir a votar y a rechazar el peor gobierno de la historia republicana de Colombia. Y eso es lo que los tiene asustados, porque al final del día los colombianos estamos mamados de la ineptitud, robadera, escándalos, mentiras y, el fortalecimiento de los grupos narcoterroristas que Petro permitió dentro de su llamada paz total, que fracasó rotundamente.
Creo que muchos colombianos, entre los que me encuentro, estamos contando las horas, los minutos y los segundos para ver salir a Petro de la Casa de Nariño, en donde nunca ha debido estar. Las elecciones deben estar blindadas por las Fuerzas Militares. Aun cuando tengo la duda de que estén en capacidad de lograr que el país vote en paz, pues Petro las debilitó.
Notícula: El caso de la muerte de Kevin, el niño de siete años, por falta de sus medicamentos para el tratamiento de la hemofilia, reflejó de cuerpo entero algunas realidades: la indolencia de Petro y su ministro de Salud; la destrucción del sistema de salud colombiano que, no siendo perfecto, funcionaba, y la miseria humana de Petro, que no fue capaz de criar a sus propios hijos, pero le echó la culpa de todo a la mamá de Kevin y, fuera de eso, en un acto de cinismo, le dio consejos sobre la crianza del menor. Y pensar que creíamos que ya habíamos visto todo en lo que tiene que ver con la pésima condición humana del “señor” Gustavo Petro.
