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Arranca este año y en el mundo entero hay expectativa, pues podría haber, según los expertos, una recesión mundial. Colombia no será la excepción, como lo dijo hace un par de semanas el presidente Petro. En lo que toca a los colombianos, empezaremos a sentir el rigor de una reforma tributaria sacada en el Congreso a coñazos. De esta reforma no se salva nadie. Ni los pobres ni los ricos, porque a quienes ganan más de $10 millones al mes les suben sustancialmente sus impuestos y los demás verán más caros los alimentos ultraprocesados. Y los productos que emplean plástico de un solo uso también. Es decir, alverja, arroz, azúcar, lentejas, pollo, carne, etc.
No soy optimista sobre el año que empieza. No sé si soy solo yo, pero siento en el ambiente un fatalismo y una polarización enormes. Parte de ese constante enfrentamiento entre los colombianos se debe fundamentalmente a las creencias políticas de cada uno de nosotros. No debemos olvidar que en las últimas elecciones el país quedó totalmente polarizado. A pesar de eso, el presidente Petro cree que lo apoyan todos los colombianos, pero no es cierto. Este año se harán, dice el Gobierno, la reforma a la salud y la reforma pensional, entre otras. Me preocupan ambas. Si las EPS tienen problemas, lo cierto es que son una de las pocas cosas que tenemos todos los colombianos, sin importar el estrato social al que pertenezcamos. Devolverles la salud a los hospitales públicos es la garantía de que nos vamos a joder todos. No entiendo qué le hace pensar al Gobierno que, por cuenta de una ley, los hospitales públicos van a empezar a funcionar. Por el contrario, recordemos que por décadas se los han robado los corruptos. No es cierto, como dice Petro, que el sistema de salud colombiano es uno de los peores del mundo. Ese prurito de este Gobierno de estatizar todo desconoce que el Estado colombiano es ineficaz y corrupto, en términos generales.
Y de la reforma pensional, ni que decir. Esta semana el presidente de Colpensiones, Jaime Dussán, soltó un bombazo peligrosísimo. Dijo que el Gobierno agarraría los $300 billones que los colombianos han ahorrado en los fondos privados de pensiones para, dijo, invertirlos en obras de interés social, como el tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla, que, según explicó en su momento la ministra de Ambiente, no se puede construir por razones ambientales.
No sé de dónde piensa el Gobierno que puede expropiar el ahorro de 18 millones de ciudadanos. Esa plata es de quienes la han ahorrado y bajo ninguna circunstancia pueden ser “expropiados” por el Gobierno. ¿Será que esos millones de colombianos no van a salir a las calles a protestar contra esa perversa reforma pensional? Petro en Twitter dijo que eso no pasaría y que lo que se haría es que los colombianos coticen una parte en los fondos y otra en Colpensiones. Sin embargo, esta posición del presidente no tranquiliza. Con pesimismo les deseo un próspero 2023.
