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Son todas las cosas tan extrañas en este país que les confieso que no entiendo nada de nada. Bueno, eso no sería raro si no fuera porque a miles de colombianos les pasa exactamente lo mismo, lo que no sé si debería tranquilizarme o más bien angustiarme.
Pero todo lo que pasa es tan grave y tan volátil que cuando uno trata de recordar un asunto grave ya hay diez más que han pasado. Porque, insisto, el país es bipolar, enfermo.
Por eso no vemos que haya arrancado la campaña presidencial, porque todo lo que pasa la opaca, así el presidente candidato Santos trate de pronunciarse como presidente sobre asuntos que impresionan a la opinión pública, como el de las mujeres quemadas con ácido esta semana.
Al pobre presidente se le ve montando en bicicleta, comiendo chontaduro (que debe odiar), bailando, cantando, etcétera. Igualmente se ve a la primera dama en eso y al hijo mayor del presidente. Muchos han criticado esto, como si fuera malo por sí mismo que el candidato muestre a su familia. Tal vez es inusual porque no estábamos acostumbrados a ver esto, pero, contrario a criticarlo, creo que el candidato y su familia, a diferencia de otras familias presidenciales, han estado alejados de escándalos de cualquier tipo, lo que les permite hacer de manera digna lo que tanto les critican.
Ahora bien, esto también se ha interpretado como susto de la campaña santista frente a lo volátil de las encuestas que se publican semanalmente y que no coinciden entre sí, excepto en el hecho de que Santos no ganaría en la primera vuelta. Eso los tiene nerviosos y no es para menos.
Lo más aburridor de la campaña es que el presidente se siente obligado a hablar de todos los temas, aun de aquellos que no llamarían su atención en situaciones normales, por decirlo de alguna manera.
Lo cierto es que esta campaña no ha arrancado y me temo que no lo hará pues todos los candidatos son jartísimos. Díganme la alegría de Óscar Iván Zuluaga, que pone a llorar un payaso, o la locuacidad de Marta Lucía, que en cierto punto lo enloquece a uno. Ni qué hablar de la campaña de Clara, que no es nada clara, y la de Peñalosa, que no ha despegado, y me temo que cuando lo haga, Peñalosa empezaría a bajar en las encuestas, pues es un excelente administrador y sería un magnífico presidente, pero se enreda como candidato.
Al final, los colombianos, por lo que vemos hoy, tendríamos que decidir entre Santos y Peñalosa y les confieso que ahí la situación es difícil, por cuanto Santos tiene ya toda la experiencia, pero tendrá que responder por los desaciertos, y Peñalosa demostró ser, de lejos, el mejor alcalde de Bogotá.
Me temo que la razón por la cual la tiene enredada el presidente es porque le apostó al tema de la paz y éste no se pudo concretar antes de las elecciones. Error de cálculo. Y los estratos altos y las áreas rurales lo odian a muerte, y revertir eso será dificilísimo. En tanto, si Peñalosa hace una campaña discreta y seria, podría ser el próximo presidente.
