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Sumatoria de males

Felipe Zuleta Lleras

15 de mayo de 2021 - 10:00 p. m.

El país no aguanta más paros y bloqueos. Las pérdidas de lo que hemos visto en estas dos últimas semanas son incalculables. Los empresarios del Valle literalmente se reventaron. Los caleños están con problemas de suministro de alimentos, medicamentos y gasolina. Lo que está ocurriendo en el Cauca también es alarmante.

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No tengo memoria de haber visto en Colombia los estantes de los supermercados vacíos. Buenaventura muere literalmente de hambre.

Me preocupa que, a pesar de que el presidente Iván Duque y sus altos funcionarios han abierto mesas de diálogo, los paros y las marchas continúan. Quienes llaman al paro encuentran siempre una razón para seguir protestando. Primero fue la reforma tributaria, después la educación, marchas contra la policía, por la vida, etcétera.

Esto quiere decir que, no importa lo que haga el Gobierno, quienes están detrás del paro quieren seguir generando pánico y desconcierto. Y en medio de esto aparecen los vándalos destruyendo lo que encuentran a su paso.

Todo el mundo está diciendo cosas, pero nadie está escuchando nada. Hemos entrado en un diálogo de sordos. La violencia que por décadas ha azotado al país no parece tener salida. Nadie reconoce a nadie como interlocutor válido. No hay líderes políticos serios. Los otrora partidos fuertes quedaron convertidos en unos partiduchos débiles.

No se ven en el panorama cercano las salidas a esta situación y pocos tienen clara su génesis. Tal vez lo más sensato que he leído es lo dicho esta semana por el doctor Alfonso Gómez Méndez en su columna de El Tiempo, donde sostiene que todo esto hizo que “salieran a relucir los eternos problemas de desigualdad e inequidad en la distribución del ingreso, desajuste institucional, una democracia formal y puramente electoral, informalidad en el empleo, altísima tasa de desempleo de mujeres y jóvenes, falta de oportunidades para acceder a la educación pública de calidad, impunidad política, judicial y social frente a la gran delincuencia de cuello blanco, fallas estructurales en la organización del Estado, abandono de las regiones, desconexión entre las élites políticas y las angustias de la gente, entre otros temas”.

La grandeza y cordura de nuestros líderes políticos no se han visto por ningún lado y, por el contrario, muchos de ellos se han dedicado a incendiar el país. Muy pocos proponen soluciones claras.

Millones de colombianos están cansados de esta situación, porque los ha afectado. Han perdido sus negocios, han tenido que despedir a sus trabajadores, no han podido transportarse a sus trabajos porque vandalizaron el Transmilenio en Bogotá y el MIO en Cali. Los agricultores y campesinos han perdido sus cosechas, aumentando aún más su pobreza.

La miopía y el egoísmo de los organizadores del paro y la actitud de los vándalos que bloquean carreteras no les han dejado ver que a corto y mediano plazo están aumentando la ya dramática pobreza de millones de compatriotas.

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