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Un buen vividero

Felipe Zuleta Lleras

01 de noviembre de 2014 - 10:00 p. m.

El alcalde Gustavo Petro todavía dice que Bogotá es un buen vividero. Lo grave no es que se lo piense, sino que trate de hacérnoslo creer a los que la padecemos, es decir, entre ocho y nueve millones de atormentados ciudadanos.

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Me imagino que Petro andará en helicóptero o, como diría el procurador Ordóñez, se la fuma verde, pues aparte de él y unos pocos funcionarios que andan con sus escoltas frenando el tráfico, los demás debemos tolerar a diario el desastre de la movilidad. Entiendo que esto no es solo culpa del alcalde, pues desde hace muchos años se vienen robando la plata de los bogotanos, lo que inclusive tiene a varios políticos y “empresarios” en la cárcel, en donde pasan felices, entre otras cosas, porque viven como reyes, hacen fiestas, no tienen que salir a las calles y tienen hasta sus propios cocineros.

Mientras eso pasa, millones de ciudadanos aguantan a diario la tragedia de transportarse a sus lugares de trabajo en el Transmilenio o en sus vehículos. Estamos a 14 meses de que Petro entregue su administración a quien deba sucederlo. Y él todavía sigue culpando a los alcaldes anteriores. Eso, claro está, cuando tiene tiempo de ocuparse de los asuntos de la administración, pues el resto del tiempo se la pasa trinando estupideces, cuando no preocupado por los conflictos internacionales, mientras los habitantes de la capital viven la ineficiencia crónica, la negligencia y la falta de preparación de sus funcionarios.

Bogotá está muy lejos de ser un buen vividero. Pero claro, si uno sostiene esto, entonces le dicen que por qué no se larga, como si el derecho a protestar legítimamente fuera exclusivo de unos pocos, entre los que se cuentan por supuesto los seguidores de Petro. Porque para intransigentes el alcalde y sus discípulos, que hablan de democracia siempre y cuando ellos no sean el motivo de las críticas y las constantes rabias de los capitalinos.

Tal vez el alcalde no ha tenido la oportunidad de vivir en ciudades como Washington DC, Vancouver o Berna, para entender el concepto de lo que es un buen vividero, en donde prima la calidad de vida, en donde el aire es puro, el tráfico organizado, las aceras impecables, los parques limpios, las calles sin huecos y la seguridad eficiente.

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El ánimo de los habitantes de la capital está exacerbado, la gente anda enervada, la violencia está a flor de piel. Bogotá anda al garete y es por eso que la gente protesta violentamente en contra del Transmilenio, en contra del conductor de al lado, en contra del tendero y aun en contra de los propios médicos que atienden las urgencias en los hospitales. Pero de eso no se da cuenta Gustavo Petro, pues es un genio para cambiar las agendas, en tanto los ciudadanos resistimos a diario la pesadilla de salir y volver a nuestros hogares, si es que llegamos vivos.

Entiendo que a veces digo demasiadas groserías y ofrezco excusas por eso, pero Bogotá no es un gran vividero y está muy lejos de serlo. Es más bien un gran cagadero.

 

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