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19 Sep 2021 - 5:30 a. m.

Virgilio Barco Vargas

Esta semana en un emotivo evento organizado por el presidente Iván Duque, se le rindió un merecido homenaje a Virgilio Barco por los 100 años de su natalicio.

Era el presidente Barco (1986-1990) obsesivo con todos los temas. Tal vez por su formación académica en prestigiosas universidades de los Estados Unidos, no dejaba ninguna tarea pendiente. Desde sus inicios en la vida pública hasta el final de su mandato, Barco demostró ser un gran ejecutor. Las obras que hizo como ministro de Obras de Lleras Camargo, alcalde de Bogotá y presidente fueron impresionantes. En el tema medioambiental, declaró millones de hectáreas como parques naturales.

Con la venia de los lectores, quiero referirme al mandatario con el que tuve el privilegio de trabajar durante todo su período presidencial.

En un gesto de confianza, el presidente me designó director de Inravisión cuando yo tenía 26 años. Con los años, pienso que fue una irresponsabilidad suya ofrecerme ese cargo y mía aceptarle, pues era un cargo muy difícil. Cuando me ofreció el puesto, preguntó: “¿Usted es bueno para montar a caballo?”. Le respondí que no, a lo que me contestó: “Pues le va a tocar aprender”.

Con la arrogancia de la juventud, le dije que solo podría aceptarle si tenía línea directa con él, aun pasando por encima de los ministros de Comunicaciones. Me dijo que sí y nunca dejó de recibirme cuando había temas delicados, que no eran pocos.

Tenía un carácter duro, pero afectuoso y respetuoso. Contrario a la imagen que muchos tenían de él, tenía un humor negro absolutamente maravilloso. Usaba frases con las que, según recuerdo, me moría de la risa, como por ejemplo: “Usted no ha visto un cucuteño arrecho (furioso)”. Cuando uno estaba haciendo mal las cosas decía: “Usted está tirando en el aire”.

Era un trabajador obsesivo y seguía los temas con una disciplina sorprendente. Llamaba día de por medio para preguntar cómo iba la tarea que él había ordenado. Y asumo que eso lo hacía con todos los altos funcionarios del Gobierno.

No sabía lo que era el miedo, tal vez porque él mismo tuvo que salir del país cuando se desató la violencia contra los liberales. Detestaba a los godos y no les concedía nada. Tanto así que durante su cuatrienio no hubo un solo funcionario conservador.

No le gustaba la prensa, a la que no perseguía, pero tampoco oía. Gobernó pensando solamente en los colombianos, por eso siempre hizo lo que mejor le pareció para el país. Firmó el acuerdo de paz con el M-19, asumió con entereza la lucha contra el narcotráfico e hizo el Plan Nacional de Rehabilitación, entre otros. Trabajó mucho para evitar el exterminio de los miembros de la Unión Patriótica y dio el primer paso para la reforma constitucional de 1991.

Con Barco, por la Presidencia pasó el último liberal radical y un demócrata integral. Qué suerte la de Colombia de haber tenido un verdadero y gran estadista como Virgilio Barco en la Presidencia del país.

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