Durante los casi tres años que lleva a Gustavo Petro en la presidencia, el país ha retrocedido más de seis lustros en muchos frentes. Especialmente graves son los temas relacionados con el orden público. La paz total de este gobierno nos ha hecho volver a las épocas en las que los grupos ilegales hacían y deshacían a su antojo. Quien suceda en la presidencia a Petro encontrará a Colombia peor de lo que la encontró el expresidente Álvaro Uribe en 2002. Hay sí una gran diferencia: Uribe recibió unas Fuerzas Militares fortalecidas gracias al llamado Plan Colombia. Esto le permitió con determinación enderezar el orden público y devolverles la confianza a los ciudadanos, quienes por aquella época no podíamos salir por las carreteras del país. Hoy, en cambio, más de la mitad de Colombia está tomada por grupos ilegales, frente a la mirada cómplice de un gobierno de ineptos y socialistas. No tengo la menor duda de que Petro ha debilitado a nuestras FF. MM. con la intención de fortalecer a los grupos armados ilegales.
El presidente nunca dejó de pensar como guerrillero, a pesar de que la sociedad lo perdonó por los crímenes que cometió siendo subversivo. La paz total no es otra cosa que ver arrodillado al Estado para fortalecer la ilegalidad y debilitar la institucionalidad.
La capacidad de Petro para hacer daño es inmensa, pues su resentimiento no le permite construir, por lo que ha destruido, de manera sistemática, todo cuanto ha querido. Este peligroso personaje, que se arropa bajo el traje de ser un demócrata, no es sino un enfermo mental que está convencido que con sus frenéticas divagaciones va a cambiar a la humanidad. De ahí la importancia que en el Congreso se apruebe urgentemente una ley que obligue al jefe del Estado a realizarse periódicamente exámenes psiquiátricos y todos los relacionados para determinar si hay o no uso excesivo de bebidas alcohólicas o sustancias psicotrópicas. Podría ser extensivo también a enfermedades como la esquizofrenia, por sólo mencionar un caso.
Colombia no se merecía esto. Y es fundamental que, en las elecciones del 2026, así no lo ordene una ley, les exijamos a los candidatos que presenten un reporte médico de la asociación colombiana de psiquiatría sobre el estado mental de los aspirantes.
Petro es lo peor que le ha podido pasar a la nación en sus últimos 50 años. Eso por no mencionar la corrupción y la ineptitud del jefe del Estado y de quienes lo rodean. El país se tiene que pellizcar y exigirles a los partidos de oposición que lleguen al 2026 con un candidato único, porque Colombia no resiste dos gobiernos sucesivos tan perversos y desastrosos como el actual.
Ni siquiera los petristas furibundos pudieron calcular que acabaríamos en manos de Armando Benedetti y Laura Sarabia, quienes tienen chantajeado a Petro porque le conocen todas sus andanzas. Y vendrán cosas peores, pues de Gustavo Petro se puede siempre esperar lo peor. Salvo que su jefe Benedetti lo controle.