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Aquellos años inmensos

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Fernando Araújo Vélez
27 de junio de 2009 - 06:59 a. m.
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La última vez que doña A fue a una feria de animales se enamoró de un ternero con pinta de descendiente de mamut. Averiguó su procedencia, si se podía aclimatar a la orilla del mar, y ante las diversas respuestas afirmativas, lo compró.

Su hijo le dijo en voz baja que no podría llevárselo en un camión desde allí, San Gil, hasta Cartagena, porque el viaje sería muy duro. Ella le hizo señas de solucionarlo todo. Sacó su chequera, pagó, le dio un beso en la frente a su nueva mascota y se lo llevó del cabestro hacia el parqueadero donde había dejado su carro. Entonces le pidió a un empleado del lugar que le ayudara con el animalito, y entre él y sus hijos lo acomodaron en el asiento de atrás.

 El carro respondió a la perfección. A fin de cuentas, la señora A lo había comprado apenas un año atrás, cero kilómetros, en un concesionario exclusivo que por aquel tiempo, años 60, estaba a la vista de todos los bogotanos sobre la carrera 15 con 91. Una mañana se levantó molesta porque su marido no le prestó el automóvil “conyugal”. Decidida, le ordenó al menor de sus hijos que se vistiera rápido y la acompañara a realizar una diligencia. Lo llevó tomado de la mano. Lo devolvió sentado y feliz en el asiento del copiloto.

Cuando llegó a la casa con su Buick último modelo, la primera reacción de sus otros hijos fue de pánico. Imaginaron de mil maneras y con mil palabras lo que diría el señor de A, pero el temor pasó, porque fueron instruidos para que derrumbaran una chimenea que separaba la sala del comedor de la casa, y aquella faena de martillos, hachas y serruchos era sentir, tocar, paladear la felicidad. Doña A aguardó a su esposo con absoluta serenidad, pues tenía muy en claro que la chimenea le quitaba luminosidad a la casa. Se lo dijo cuando él hizo gesto de “este es el fin del mundo, estás loca”. Ella sonrió mientras tocaba con sus finos dedos las llaves de su nuevo carro.

El pasado viernes abrió el periódico en aquel mismo sillón de los años 60. Leyó con tristeza la noticia sobre la muerte de Michael jackson. “Pero estaba como loco, ¿no?”, fue lo único que dijo.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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