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Baruch Spinoza, “El príncipe de los filósofos”

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Fernando Araújo Vélez
03 de mayo de 2026 - 11:10 a. m.
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Baruch Spinoza estaba convencido de que la solidaridad entre los humanos era parte de su naturaleza, y escribió que era “tan natural en los hombres como el miedo y el orgullo”. De alguna manera, le respondía a Thomas Hobbes, quien había dicho que las principales razones que tenían los humanos para actuar, y para disentir, eran la competencia, el miedo y la gloria. En otro aparte de las disertaciones que expuso en su “Tractatus Theologico-Politicus”, 1670, Spinoza dejaba en claro que la ayuda de unos hacia otros era instintiva en el ser humano, y aclaraba que el fin de los gobiernos no era dominar a los hombres “ni sujetarlos por el miedo y someterlos a otro, sino, por el contrario, librarlos a todos del miedo para que vivan, en cuanto sea posible, con seguridad”.

Luchó gran parte de los 44 años que vivió por defender la idea de la libertad. La razón debía llevar a esa libertad, y esos dos estados, a una infinita ampliación de la conciencia humana, que potenciaría la creación, la ciencia, el arte. En últimas, el conocimiento, esencial para el desarrollo de la humanidad. “El fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se sirvan de su razón libre…”, afirmaba, y agregaba que no era necesario “negar la vida para obtener la salvación. Todo lo contrario, según las palabras de Jesús, la meta de la humanidad es que ‘tengan vida y la tengan en abundancia’”.

El Tractatus de Spinoza fue publicado por vez primera de forma anónima, y luego de su muerte fue prohibido por los estados de Holanda. Más tarde, la Iglesia lo incluyó en sus índices de libros prohibidos, igual que el resto de los textos que Spinoza dejó y que fueron salvados por algunos de sus seguidores. Eran profanos, ateos, blasfemos, según las autoridades, y fueron enterrados, igual que el nombre de su autor. Las hojas en borrador que quedaron de Spinoza, pese a la persecución y a los investigadores que pretendían encontrarlas e incinerarlas, se multiplicaron en copias de copias y terminaron circulando por varios países más allá de Holanda. Algunos de sus estudiosos tuvieron que exiliarse y enviar sus cargamentos “spinozianos” al destino elegido destino por medio de diversos tejidos de redes clandestinas.

Doscientos años más tarde, días más, días menos, Hegel y Schelling, entre otros, resucitaron a Baruch Spinoza, y reivindicaron sus ideas y textos. Un siglo más tarde, Giles Deleuze afirmó que había sido “el príncipe de los filósofos”. Según quienes estudiaron su vida y su obra, Spinoza pensaba e incluso murmuraba y hablaba en voz alta, mientras se dedicaba a limpiar y pulir lentes en su estudio de Ámsterdam. Jamás aceptó una moneda a cambio de sus escritos, y menos, honores o cargos. Le quitaban libertad, solía sugerir.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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Carlos Andrés Botero Girón(74366)Hace 35 minutos
Excelente columna. Spinoza habla De Dios de la vida, el Dios del disfrute sano, de la solidaridad entre los humanos.
Lismario Duque Ramirez(26872)Hace 59 minutos
Cuanto nos hace falta aprender de Baruch Spinoza, ojala este filosofo sea estudiado y reconocido sus aportes a la humanidad, fur muy adelantado para su epoca.
Gines de Pasamonte(86371)Hace 59 minutos
1) Casualmente en estos días leo con fruición el “tratado teológico-político” de Baruch Spinoza. A guisa de introducción al mismo, sugiero a tus lectores el magnífico libro de Frédéric Lenoir: “El milagro Spinoza”. No le perdonaron a Spinoza el desnudar a la religión, a juicio del filósofo, esa parafernalia de ceremonias y rituales cuyo objetivo no es otro que el de imponer una especie de “servidumbre voluntaria”, “hacer que los hombres no obren jamás siguiendo su propio decreto…,
Gines de Pasamonte(86371)Hace 59 minutos
2) sino siempre bajo el mando de otros”. Spinoza es toda una autoridad teológica, hablaba el hebreo antiguo, el arameo, latín y griego. Gran seguidor del racionalismo de Descartes, su contemporáneo. Según Pierre Bayle, las autoridades religiosas le ofrecieron una renta anual con tal de que fingiera que seguía los ritos y no divulgara sus ideas filosóficas. No aceptó por supuesto, y fue separado de la iglesia en ceremonia del 17 de julio de 1656. Contaba con 23 años.
Luis Miguel Pardo B.(81rmq)Hace 1 hora
El Dios de Spinoza somos todos. El conjunto del universo, de lo bueno y de lo malo, de lo horrible y de lo bello. De lo ordinario y de lo sublime. Lo entendió antes que todos.
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