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Condenados a la libertad

Fernando Araújo Vélez

01 de diciembre de 2011 - 06:43 a. m.

Una señora pasó con su hija, a la que había disfrazado de ángel azul, y la señalaba y le gritaba a quien se las encontraba que ella, su ángel, era la autora de un libro. Que lo compraran, pedía. Que era muy bueno, aclaraba.

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La niña, 13 ó 14 años, se ruborizaba y sonreía porque le habían exigido que sonriera, pero su sonrisa apenas llegaba a ser de cartón. En cinco segundos, un tumulto de curiosos y fanáticos que perseguía a Fernando Vallejo, se las tragó. Un anónimo le gritó al colombiano “payaso”, “prostituto”. Él ni se inmutó. Siguió su camino, como la señora y el ángel, y se perdió en medio de miles de estudiantes que lo buscaban.

Un viejo profesor de filosofía de la Universidad de Guadalajara dicta una charla sobre “La existencia y la trascendencia de Jesús y Friedrich Nietzsche”. Su nombre, dice en la entrada del aula Alfredo P. Placencia, es Gerardo Rodríguez Cristerna. Sobre una mesa, justo a un lado de la placa, un hombre de corbata ofrece varios libros del licenciado Rodríguez sobre Nietzsche. Ensayos, comparaciones, diálogos. En su charla, el profesor sostiene que la tesis más importante del filósofo era la vida. La vida sin ‘tener que’ vivirla. La vida como pulsión y arte, como creación y placer. La vida como obra y la obra como vida. En el salón hay cuatro oyentes.

Un fotógrafo dispara su cámara una y mil veces. Las luces que ha organizado a lado y lado de un telón de fondo estallan contra el blanco de ese telón flexible e iluminan el rostro de los personajes que el hombre enfoca. Y pasan por su mirada y su registro Fabián Casas, Miguel Chávez, Andrés Burgos, Francisco Díaz, Luis Miguel Rivas, Daniela Tarazona, Juan Álvarez, Fernanda García Lao… En fin, los escritores a los que alguien decidió bautizar como los secretos mejor guardados de América Latina. Y ellos posan de acuerdo con las órdenes del fotógrafo que busca en una libreta las órdenes de las editoriales. Sonríen, buscan su mejor perfil, entrecierran los ojos. ‘Write stars’.

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Un hombre de años, de letras y pensamientos, de dudas, textos, libros y apuestas, dice, en tono mesurado, que “los animales no tienen problemas morales, porque tampoco tienen capacidad de opción: tienen que hacer lo que tienen que hacer, mientras los seres humanos estamos abiertos, estamos condenados a elegir: la libertad es un problema. Nuestro padre, Jean-Paul Sartre, decía que estamos condenados a la libertad. No podemos elegir si elegimos o no, tenemos que elegir”. Su nombre es Fernando Savater.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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