7 Aug 2021 - 10:50 p. m.

Cuento de otros cuentos

Mil veces fui un cuento de otro cuento, para tomar prestado un verso de José Saramago, y me perdí entre cuentos que yo mismo me creí solo por haberlos plasmado en un papel, aún a sabiendas de que eran un invento. Los imaginé, los escribí, los volví realidad, los repetí y acabé por convencerme de su veracidad. Incluso, los conté en alguna reunión, con unos tragos de más, solo para salirme por unos cuantos minutos de este mundo y sus rutinas y el hastío y el odio y la violencia. A fin de cuentas, pensaba, siempre fuimos “cuentos de cuentos contando cuentos, nada”, como decía el verso de Saramago. Nunca tan importantes ni trascendentes como nos lo creímos algún día. Nunca tan trascendentes ni tan sabios ni tan interesantes.

Una que otra vez tomé decisiones para no arruinar la trama de algún relato, y fui polizón en el techo de un vagón de tren para saber qué se sentía estar allí sin pagar un peso y cómo se veía el mundo desde arriba y a 30 kilómetros por hora, y luego le canté una canción a una mujer al borde de una carrilera. Igual, pese a que después fui incapaz de escribir aquellas escenas como quería, aquel tren y la canción fueron líneas de otros relatos, cuentos de otros cuentos. Decenas de veces dije lo que hubieran dicho personajes de ficción, que nunca fueron del todo de ficción, y otras tantas mentí, pero mentí para serle fiel a una historia, no por engañar, y si en alguna ocasión engañé a alguien fue porque la escena necesitaba de ese engaño.

Ahora que echo hacia atrás, comprendo que para mí lo importante siempre fue la historia, más allá de que en ella y por ella yo hubiera quedado como un villano o como un tonto redomado. Inmerso en esa historia y en mi imaginación, poco a poco me fui convenciendo de que prefería a los personajes que estaban en ella a los de la vida de todos los días, y que incluso los de la vida de todos los días me parecían mucho más interesantes si los ponía en un cuento. En el papel eran más auténticos, más decididos y sinceros, menos robotizados, tal vez porque en el papel todo siempre fue posible, como este texto, que bien podría ser el comienzo de un cuento más.

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